Número 11 | Cuarto trimestre 2006

Visitando. El río Alhárabe

El río Alhárabe es prácticamente el único río de la Región de Murcia que presenta todavía ecosistemas fluviales bien conservados. Presenta una vegetación de ribera con gran riqueza de especies, así como una fauna rica y variada, entre la que podemos destacar la presencia de la nutria. Toda la zona ha sido propuesta por la comunidad murciana como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y su curso y zonas adyacentes han sido catalogados como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

El río Alhárabe nace a 1.440 m de altura, en la ladera meridional de la sierra del Zacatín (Moratalla), unos cientos de metros al oeste de El Sabinar. Tras surcar algunos de los paisajes más hermosos de la comunidad murciana vierte sus aguas a los ríos Benamor y Moratalla, cuyos caudales se incorporan al río Segura 50 km más abajo en las inmediaciones del Santuario de la Esperanza.
Para ser más preciso, el Alhárabe, al que también se le ha nombrado río Grande por ser el más largo de Moratalla, es el resultado de varias fuentes y arroyos que brotan de la sierra del Zacatín y de la serreta de la Torre. Una de ellas, la fuente del Prado, se hace visible en el lavadero público de El Sabinar, una especie de porche cubierto con tejas rojizas para preservar de la lluvia a las escasas mujeres que enjuagan la ropa en las pilas.
El sobrante del agua salva la carretera de Benizar y se esparce por el prado, a veces los hace desmandada y otras por la canaleta que bordea las tapias del cementerio, un pequeño camposanto con media docena de lustrosos cipreses. Pero el verdadero río se desliza perezoso bajo una hilera de chopos, descubre el primer puente y serpentea por los ramblizos del Campo de San Juan, tierra de pastos y cereal.
El Alhárabe acaba de nacer y, pese a que el caudal es bastante precario, ya se ha encauzado y baja hacia el este decidido, camino de Las Juntas, donde confluyen los arroyos de Zaén y de Las Polladas. Atrás, en ambas orillas, han quedado el cortijo de Zoya y el salero del Zacatín, explotación salinera que durante siglos ha abastecido al término municipal de Moratalla y a algunas poblaciones de las provincias limítrofes, como Huéscar, La Puebla de Don Fadrique, Santiago de la Espada, Nerpio, Yeste y Taibilla. De ella aún se surten algunos cortijos de Santiago de la Espada y de Nerpio, pero sus principales compradores son los ganaderos del Campo de San Juan, Archivel, El Sabinar y Barranda. Algunos lugareños aseguran que con este tipo de sal no abortan las ovejas.
El agua, fría y pura todavía, prosigue su curso entre choperas deshojadas y un rumor de esquilas que pronto se hace familiar, pues por aquí discurre el cordel de Cehegín, cañada de tránsito que enlaza el valle de San Juan y los campos de Letor y Mazuza.
Río abajo, mirando al sur, el viajero distinguirá la silueta del Peñón de los Tormos a cuyos pies nace la Fuente de los Muertos, y al norte, el cerro de Bagil, poblado megalítico asentado en un cantil que se eleva unos 70 metros sobre la cañada y a unos 1.300 metros.
Desde Bagil, la vista del Campo de San Juan es memorable. A la altura de la aldea de Fotuyas, el Alhárabe se remansa en el embalse de La Risca, destinado a contención de avenidas, y a tiro de piedra aparece el molino que dio nombre a la presa, aún en activo. Desde aquí a Moratalla el río se encajona y apresura entre los hontanares de las sierras de la Muela (1.414 metros) y de los Álamos (1.479), riega la finca de la Dehesica y el cortijo del Bancal de la Carrasca.
Desde la Risca a Moratalla, a lo largo del valle que cruza el río, apenas viven media docena de personas. Las tierras son de propiedad particular y periódicamente se llevan a cabo las cortas de madera más provechosas de la Región, especialmente en la umbría de Los Álamos, donde el pino rodeno experimenta un gran crecimiento. Hasta aquí baja la cabra montesa y cruzan el cielo azul águilas reales, algún buitre, cuervos y halcones que buscan presa en las palomas torcaces y en el averío de las casas de labranza.
El paisaje es espectacular. Un sendero bordea el cauce del Alhárabe que ahora brinca entre juncos, carrizos, cañaverales, aneas, tarajes y rocas calizas que se han desprendido a causa de la erosión. La sorpresa tiene lugar más abajo, en los Cenajos del Agua Cernida, un paraje umbrío y de gran amenidad, una de las joyas paisajísticas de la Región de Murcia: cuatro kilómetros de tajos o paredes negruzcas y rojizas de más de 60 metros de altura con frondosos pinos en sus estribaciones.
Para verlos en todo su esplendor es preciso ir cuando ha llovido abundantemente, pues en los Cenajos se forma una cortina de agua cernida que cae hasta el lecho del río, donde crece una rica vegetación de ribera. Una pista forestal serpentea frente a los acantilados y es muy grato esperar desde esa vertiente a que escampe la niebla de los hondones y el paisaje recupere el verdor de la floresta.
Hace 100 años abundaba en esta serranía el pino carrasco, el rodeno y el salgareño, la encina, el roble, la sabina y el arce. También, en el tramo final del barranco de Hondares, se disfrutaba del nacimiento de aguas medicinales de Somogil, topónimo que da nombre a dos cortijadas. Los vecinos de los campos próximos tomaban el baño en las pozas naturales de las que emergía el agua termal, y en los veranos, la época más concurrida, se organizaban bailes muy animados.
Los baños de Somogil, que estuvieron abiertos hasta la década de los sesenta, eran beneficiosos para el reuma, las enfermedades cutáneas y ciertos tipos de esterilidad. Ahora, el caudal se utiliza para riego y el agua ya no emerge a borbotones de las pozas por haberse perforado un nuevo pozo, además el agua termal se utiliza para riego y se extrae del acuífero mediante un motor.
A la altura de Somogil, el río Alhárabe recibe por su margen derecha los aportes del arroyo de Hondares, poco antes de estrecharse en la presa de La Puerta, en cuyas inmediaciones se disfruta de una boscosa zona de acampada y de una sucesión de pozas naturales idóneas para el baño. Tras encajonarse en la presa de La Puerta, el río se abre y riega las huertas bajas de Moratalla hasta entregar su caudal al río Benamor, cerca del cortijo del Coto, en la planicie que precede a Moratalla.


Arte rupestre en la cuenca del río Alhárabe y proximidades

En esta zona se encuentran vestigios de ocupación humana en las manifestaciones de arte rupestre en Calar de la Santa (La Ventana I y La Ventana II), los de Cañica de Andrés y en Zaén. Los dos abrigos de La Ventana presentan un buen estado de conservación a pesar de ser muy conocidos. El abrigo I tiene 36 motivos pintados, entre cruciformes y soliformes; el abrigo II conserva los restos de lo que parece un cuadrúpedo.
Los abrigos de Cañaica del Calar (en Cañaica de Andrés) son de una gran riqueza expresiva, reuniendo cuatro abrigos con cápridos, cérvidos, esquemas tipo ‘golondrina', y otros elementos de estilo Levantino. En esta zona también está el abrigo de Fuente Sabuco con más de sesenta motivos.
Entre el Campo de San Juan y el Campo de Béjar, junto al arroyo de La Andragulla, existen tres pequeños abrigos que fueron descubiertos en 1984. Son denominados el conjunto de La Andragulla. Contienen algo más de veinte figuras levantinas (cuadrúpedos y figuras humanas) junto a motivos de tipo esquemático (barras y puntiformes).
También en estas proximidades se encuentran los abrigos de La Risca I y La Risca II, que están en el paraje de Pedro Gurullo. En una cueva de las cercanías del cerro de Bagil se descubrió, en el siglo XVI, el llamado barco de Bagil, representación pictórica de una carabela colombina de 1'70 metros de largo por 1'35 de alto, pintada en rojo por alguien que conocía bien sus detalles, pues la nave muestra las velas plegadas en las vergas, como si estuviera amarrada a puerto.


Vegetación y fauna del lugar

De forma intermitente, en las riberas de sus arroyos encontramos plantaciones lineales de chopo lombardo dibujando la forma serpenteante de los diversos regatos. Con la llegada del otoño, estos pequeños bosquetes de chopos alcanzan su máximo esplendor y es en esta época cuando cambian su color verde del verano para mostrar una paleta de colores que van del naranja al amarillo.
Las riberas del río y arroyos se encuentran muy perturbadas, prácticamente sin vegetación de ribera, que aparece de manera puntual y a retazos. Los suelos predominantes en la zona están formados a partir de depósitos aluviales y coluviales recientes. Se caracterizan por recibir nuevos aportes de materiales a intervalos variables de tiempo.
Pueden encontrarse dos tipos: el primero lo forman aquellos susceptibles de alcanzar una elevada productividad cuando se presentan condiciones adecuadas de topografía y clima, estas condiciones se dan en las zonas de fondo de valle, zonas usadas tradicionalmente como de huerta y plantaciones de frutales; el segundo tipo de suelo es el que nos encontramos al separarnos del valle y adentrarnos en las laderas que lo rodean. Se trata de suelos escasamente evolucionados, debido a los procesos de erosión. Su uso más frecuente es el cultivo cerealista de secano.
Entre la vegetación presente en la zona cabe destacar los sabinares, en concreto de sabina albar. Los pinares también están presentes, sobre todo el pino laricio, aunque en menor medida. También hay presencia de pino rodeno y carrasco. En zonas más resguardadas pueden aparecer pequeños macizos boscosos mixtos de caducifolios con arces, mostajos y quejigos, a los que acompañan gran número de especies espinosas y arbustos caducifolios como el rosal, el agracejo, el endrino, etc.
Existe otro tipo de vegetación que no está tan influenciada por el clima general de la zona, sino que depende de la especificidad del medio. En este caso se trata de la vegetación ribereña que se encuentra condicionada por el agua freática disponible y las condiciones especiales de los ecosistemas riparios.
Se pueden encontrar también restos de bosque de galería en esos suelos de fondo de valle de gran riqueza agrícola que hemos descrito anteriormente. El paisaje ha sido trasformado desde tiempos inmemoriales por el hombre, tanto, que la vegetación sólo aparece inalterada de modo muy puntual en el río Alhárabe y sus principales afluentes, que cuentan con presencia de agua durante todo el año.
La escasez y la precariedad de la vegetación circundante son un escollo en la calidad de un hábitat que presenta un potencial inimaginable de desarrollo biológico. Multitud de especies de gran interés se ven presionadas a abandonar el lugar o, simplemente, a desaparecer. Por ello se han reforestado 30 km de la cuenca del río Alhárabe en Moratalla con árboles de 15 especies diferentes y más de 50.000 arbustos de origen autóctono que han regenerado el hábitat de este afluente del Segura. El chopo lombardo ha sido la planta protagonista pero, junto a ésta, se han utilizado fresnos, olmos, sauces, tarays, álamos, etc.
Entre las especies de fauna son especialmente significativas las escasas poblaciones de nutria (Lutra lutra) que, junto con el galápago leproso (Mauremys leprosa), el odonato (Coenagrion mercuriale) y diversos taxones de quirópteros (Miniopterus schreibersii, Myotis blythii, Myotis capaccini, Myotis emarginatus, Myotis myotis, Rhinolophus euryale, Rhinolophus ferrumequinum, Rhinolophus hipposideros, Rhiolophus mehelyi) están incluidos en programas de protección de especies a nivel europeo.
También está designada la zona como ZEPA, en la que encontramos especies como el búho real (Bubo bubo), halcón peregrino (Falco peregrinus), cigüeñuela (Himantopus himantopus), alcavarán (Burhinus oedicnemus) y chova piquirroja (Phyrrocorax phyrrocorax).
En la serranía próxima se hallan áreas naturales de máximo interés. Aún diezmadas por los cazadores furtivos, aquí encuentran abrigo las últimas cabras montesas. En la Serrata y en el collado de Orbarroya hay extensos bosques de sabina albar con ejemplares milenarios; en las laderas de la peña de Moratalla están los mejores carrascales; pinos de Cazorla en las cumbres y en la sierra de Villafuerte abundan endemismos béticos únicos en el planeta. Rapaces, jabalíes y pequeños mamíferos viven en este paraíso castigado por los incendios, el exceso de caza y las canteras.


Ruta 1

Esta ruta tiene una longitud aproximada de 13 kilómetros. La duración es de 5 a 6 horas y su grado de dificultad es medio. El punto de partida es el camping La Puerta de Moratalla, a 650 m de altitud y la llegada se sitúa en la confluencia del río Alhárabe con el río Benamor. Desde el mismo camping de La Puerta podemos bajar al río Alhárabe donde se encuentra una presa construida en 1950. Allí el agua del río es desviada al margen derecho y el cauce aparece pedregoso y seco. Tras cruzar la carretera que viene de Moratalla nos introducimos en el cauce por el margen izquierdo. En este tramo de baja montaña podemos encontrar pinares junto a zonas de huerta ricas en albaricoqueros y almendros. El avance por el río puede ser difícil debido a que en él crecen juncos y zarzas, por lo que es conveniente mantenernos a la izquierda del cauce, siempre sobre la senda.
Al cruzar el barranco del Madroño subimos un poco el monte para esquivar la vegetación. En este punto debemos divisar el molino de Corbalán, momento en el que cambiaremos de margen, pasando a la orilla derecha. Entonces nos adentramos en un pequeño cañón pedregoso junto a un arroyo que desciende del molino y vierte en el río.
Siguiendo nuestro camino, pasamos junto al cortijo de Tercero, momento en el que volvemos a cambiar al margen izquierdo. Seguimos este margen durante varios kilómetros mientras disfrutamos del paisaje compuesto por campos de olivos y almendros. En este tramo, el río forma pozas en el lecho de roca pura y desgastada por el agua, originando un paisaje de gran belleza. Pasamos junto al cortijo del Turmal y el de la Hoyica un poco más adelante.
Ya llevamos 5,5 kilómetros caminados y el río discurre abajo a la derecha. Caminamos por el borde del bancal del paraje del Llano del Carnero hasta que nos veamos sobre una pequeña loma desde la que se observa, a la izquierda, el arroyo del Lentiscar, formando un bonito cañón, y el río Alhárabe a la derecha. Seguimos por esta loma hasta el final y cuando llegamos al camino de Tenorio tomamos un paso que nos baja, con precaución, por un canal de tierra hasta el río. Llevamos ya casi 7 kilómetros. Una vez hemos bajado por el canal de tierra, tomamos el camino de Tenorio en dirección al cortijo del Lentiscar y, en la primera curva cerrada a la izquierda, abandonamos éste y bajamos otra vez al río. El paisaje de esta estepa que se descubre ante nosotros es fundamentalmente agrícola y no es de extrañar ver a gente faenando en el campo.
En el kilómetro 8 aparece una canaleta que recoge el agua por el margen izquierdo. Debemos seguir esta vía hasta que el cauce se hace impracticable. Entonces cruzamos y subimos a la derecha del río, llegando a una casa rural llamada Casa del Puente de Hellín. Localizamos en este lugar una fuente que usamos como referencia para bajar hasta el puente de Hellín y, sin cruzarlo, seguimos por un camino a la derecha, entre olivos centenarios, hacia la Hoya del Cirujano. Al terminar el camino aparece ante nosotros un pinar. Ahora seguimos por el margen izquierdo y llegamos finalmente al molino de Garrido y a la carretera de Moratalla-Socovos, ya en el kilómetro 12 de la etapa. Para terminar nuestro recorrido bajamos nuevamente al río por la derecha del puente, cruzamos el cauce a la izquierda y nos dirigimos hasta el molino Traviesa por un sendero, donde comienza el cañón rocoso, punto de unión con el río Benamor. El doble cañón de los ríos Alhárabe y Benamor se une algo más abajo dando como resultado un paisaje encantador en el que merece la pena recrearse y que supone el final de nuestra ruta.
Río Hondares, afluente del Alhárabe
Calares de la Cueva de la Capilla
Monte de El Sabinar