Número 29 | Cuarto trimestre 2011

18 años después del gran incendio de Moratalla. Recuperación de las comunidades ornitológicas

RESUMEN

La sierra de Moratalla, declarada Zona Especial de Protección para las Aves (ZEPA), sufrió un gran incendio en 1994, arrasando más de 26.000 hectáreas. Buena parte de su masa forestal quedó calcinada y se perdió gran cantidad de biodiversidad, siendo uno de los grupos faunísticos más perjudicados el de las aves, con más del 10% del territorio de nidificación de rapaces destruido.
Desde el año 2002, la Dirección General de Medio Ambiente, y en concreto la Unidad Territorial del Noroeste-Río Mula, del Servicio de Gestión y Protección Forestal, lleva a cabo un proyecto de regenerado de estos montes. Las actuaciones han consistido en la restauración, conservación y mejora de cubierta vegetal, sin olvidar otras actuaciones importantes para paliar los efectos de la erosión, como son la estabilización de laderas y la corrección de cauces torrenciales mediante hidrotecnias. Con ello se pretende que las poblaciones faunísticas recuperen su presencia en la Región.
Las comunidades faunísticas, y más concretamente la comunidad ornitológica, están dando una respuesta positiva a la gestión forestal realizada en la zona incendiada. Los tratamientos selvícolas favorecen el aumento de la biodiversidad y el aumento de especies como conejo, presa principal de vertebrados que están en la punta de la pirámide trófica, como son las rapaces, ya sean forestales o rupícolas.


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Tras el devastador incendio de Moratalla en 1994, han sido muchos los esfuerzos por recuperar el valor ecológico y paisajístico de su monte. Uno de los grupos faunísticos más perjudicados fue el de las aves, perdiéndose buena parte del territorio de nidificación de rapaces. Estudiando la presencia y madurez de sus poblaciones, podemos evaluar la eficacia de las labores de restauración.

La sierra de Moratalla, declarada Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), está compuesta por varias sierras dispuestas de este a oeste, quedando en medio un valle surcado por el río Alhárabe. Gran parte de la superficie de la ZEPA fue afectada por un gran incendio que modificó profundamente el paisaje forestal, desapareciendo los bosques naturales compuestos por pinares de pino carrasco (Pinus halepensis), pino rodeno (Pinus pinaster) y en menor proporción pinares de pino laricio (Pinus nigra subp. clusiana). También desaparecieron encinares (Quercus rotundifolia), bosquetes de quejigo (Quercus faginea) y ejemplares dispersos de arce de granada (Acer granatesis), mostajo (Sorbus aria), serbal (Sorbus domestica) y orlas espinosas ricas en rosáceas, así como un gran elenco de caméfitos como Peonia broteroi, Peonia officinalis, Adonis vernalis, etc., y numerosos endemismos béticos exclusivos.
Este incendio se produjo en julio de 1994 en los municipios de Moratalla, Calasparra y Cieza y arrasó 26.320 ha, dentro y fuera de los límites de la ZEPA, de las cuales el 71,7% eran formaciones forestales, el 16,8% formaciones de matorral y el 11,4% superficies cultivadas (Calvo, et al., 1994). De oeste a este, fueron quemadas las sierras de La Muela, Moratalla, Cerezo, Algaidón, Búho, Rotas, Puerto y Cabeza del Asno, en altitudes comprendidas entre 200 y 1.400 m (figura 1).
Los efectos provocados sobre las comunidades vegetales y faunísticas fueron importantes, tanto por destrucción de hábitat como por muerte directa. Hubo una destrucción del 10% del territorio de nidificación de rapaces forestales de la Región de Murcia, una pérdida importante de territorio de campeo de aves de presa en general y una gran disminución de presas potenciales (Calvo, et al., 1994).
Desde el año 2002, la Dirección General de Medio Ambiente, y en concreto la Unidad Territorial del Noroeste-Río Mula, del Servicio de Gestión y Protección Forestal, lleva a cabo un proyecto de regenerado de estos montes.
Tras los incendios se procedió a la restauración de la cubierta vegetal con pino carrasco en ciertas zonas muy concretas, así como otros tratamientos selvícolas, principalmente realces, clareos y claras en pequeñas superficies (Cabezas y Masia, 2004). Las actuaciones que se propusieron para la zona de estudio se encaminaron hacia la restauración, conservación y mejora de la cubierta vegetal, sin olvidar otras actuaciones importantes para paliar los efectos de la erosión, como son la estabilización de laderas y la corrección de cauces torrenciales mediante hidrotecnias. En aquellas zonas con una regeneración escasa se planificaron actuaciones de carácter biológico, trabajos de restauración de la cubierta vegetal, junto con los realces, desbroces y ayudas a la regeneración. En zonas donde existía una densidad de regeneración excesiva, se propusieron actuaciones consistentes en trabajos selvícolas de claras y clareos (Cabezas y Masia, 2004).
Tras el paso de los años, la regeneración refleja la influencia de la orientación con mayores densidades de regenerado en las umbrías, en zonas con mayor disponibilidad hídrica, mayores precipitaciones y zonas de acumulación de flujos.
La fauna ha sido utilizada habitualmente como indicadora de la calidad ambiental de un área, siendo los grupos más utilizados el de los coleópteros terrestres y los lepidópteros, entre los invertebrados, y las aves, entre los vertebrados. Las aves responden ante todo al relieve del terreno y a la fisonomía de la vegetación, y ello, en gran parte, por los condicionantes que ambos imponen a la conducta reproductora (Blondel, 1979).

Desde el año 2002, la Dirección General de Medio Ambiente, y en concreto la Unidad Territorial del Noroeste-Río Mula, del Servicio de Gestión y Protección Forestal, lleva a cabo un proyecto de regenerado de estos montes

En este estudio se plantean como objetivos, en primer lugar, la determinación e identificación de las especies ornitológicas que han colonizado las áreas afectadas por el incendio; en segundo lugar, el estado de desarrollo y madurez de estas poblaciones; y en tercer lugar, la comparación de la diversidad y densidad de especies en zonas que han recibido un tratamiento postincendio y zonas donde no se ha trabajado.
Se parte de la hipótesis de que los tratamientos de regeneración de la cubierta vegetal que se están realizando en las zonas afectadas por el incendio favorecen a las poblaciones faunísticas, ayudando a su colonización y aumentando la densidad y diversidad de las especies.

La sierra de Moratalla. Área de estudio

En la sierra de Moratalla existen rapaces rupícolas protegidas por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Entre ellas encontramos el águila real (Aquila crhysaetos), el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el búho real (Bubo bubo). La sierra de la Silla fue una zona importante de nidificación de azor común (Accipiter gentilis) y culebrera europea (Circaetus gallicus). El incendio acaecido en 1994 acabó con gran parte de estos territorios de aves de presa forestales. No obstante, la filopatría de estas especies las hace volver a los territorios donde nacieron, por lo que es posible que en áreas donde aún se conservan manchas de pinar, se hubieran establecido nuevos territorios de nidificación de estas especies.
Por las ramblas y arroyos de estas sierras se reproduce el anfibio sapo corredor (Epidalea calamita), especie incluida en el Anexo IV de la Directiva Hábitat y, por tanto, protegido por la nombrada Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad.
En la población de mamíferos cabe mencionar la presencia de cabra montés (Capra pyrenaica), catalogada como especie ‘Vulnerable' en la Región de Murcia por la Ley 7/95 de Vida Silvestre, Caza y Pesca fluvial; gato montés (Felis silvestris) y tejón común (Meles meles), catalogadas ambas como especies ‘De interés especial' por esta misma Ley y en ‘Vulnerable' en el Libro Rojo de los Vertebrados de España.
La zona en la que se realiza el estudio se encuentra situada al noroeste de la provincia de Murcia, en el término municipal de Moratalla. Las parcelas de muestreo se ubicaron en uno de los núcleos más activos del área incendiada, dentro de la ZEPA Sierra de Moratalla.


En la sierra de Moratalla existen rapaces rupícolas protegidas por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad


Las parcelas se localizan en dos grandes zonas, una en la parte norte de la ZEPA, en la umbría de la sierra de la Muela, y la segunda en la zona central, en la sierra del Cerezo (figura 2). Estas áreas han recibido tratamientos selvícolas entre los años 2002 y 2008. No obstante, han sido tratadas y evaluadas en este estudio otras áreas de la ZEPA que han recibido tratamientos selvícolas en años posteriores (2009).

Trabajo de campo

Entre octubre de 2007 y marzo de 2010 se realizaron: censos para la obtención y elaboración del inventario faunístico de la comunidad de vertebrados; el seguimiento de aves rapaces, con el fin de detectar si existían nuevos territorios de cría, así como la evolución de sus poblaciones; y muestreos específicos para detectar la densidad y diversidad de aves en las distintas unidades de estudio, utilizando como método de muestreo transectos y estaciones de escucha (Tellería, 1986).
Para el estudio de localización y determinación de zonas de nidificación de aves de presa, tanto forestales como rupícolas, se tomó como base de datos la cartografía elaborada por la Unidad de Biodiversidad, Caza y Pesca Fluvial, en concreto por el departamento de Vida Silvestre, comparando bases de datos anteriores (1991) y posteriores al incendio (2007, 2009 y 2010).
El estudio de densidad de aves fue realizado en unas unidades de muestreo establecidas con anterioridad a los censos de avifauna (parcelas de muestreo). Estas unidades parten de la base de los años en que han sido tratadas las parcelas y, por tanto, han sido clasificadas en distintos estadios de regenerado (tabla 2). Se muestrearon un total de 16 parcelas.
Los barrancos y las islas de pinos que se salvaron del incendio, pero que están dentro de su ámbito de acción, se han tratado como unidades de muestreo diferenciadas con el fin de reflejar su importancia como refugio de fauna. Con ello se establecen siete unidades diferentes de muestreo.
A partir de los censos realizados en cada unidad de muestreo se obtiene una lista de especies presentes en cada una de ellas y un índice de densidad para cada especie registrada, de cuyo promedio ha resultado un índice de abundancia general por especie en cada periodo de tratamiento. El número de especies contactadas en cada unidad de muestreo permitió calcular la riqueza media de cada sector (Blondel, et al., 1981).

Estimas de diversidad y densidad de aves

En las áreas donde se han realizado los tratamientos selvícolas se ha registrado la presencia de 45 especies pertenecientes al grupo de las aves. En la tabla 1 se refleja el resultado de las especies de aves inventariadas en las distintas unidades de muestreo.
Las especies detectadas en el área incendiada son, principalmente, aves de espacios abiertos y matorral bajo: perdiz roja (Alectoris rufa), cogujada común y montesina (Galerida cristata y G. theklae), sílvidos y fringílidos, principalmente. En las islas de pinos aislados aparecen más especies propias de bosques: petirrojo (Erithacus rubecula), paloma torcaz (Columba palumbus), páridos (herrerillos, carboneros, etc.) y de nuevo los fringílidos. En barrancos y arroyos se da la confluencia de todas estas especies, lo que denota la importancia de su conservación.
En las unidades de estudio clasificadas como zona 0, en las que no han sido realizados tratamientos selvícolas post-incendio, la densidad de la vegetación es tal, que el acceso al suelo es casi imposible. Son parcelas prácticamente constituidas por alfombras de pino carrasco (Pinus halepensis). En ellas, la abundancia y diversidad de especies ornitológicas es visiblemente menor.
En biodiversidad, las islas de pinos aislados dentro del área incendiada y los barrancos son verdaderos refugios para la fauna. Si comparamos éstos con la zona piloto, comprobamos que se han detectado casi tantas aves en estas dos unidades (22 y 24 especies, respectivamente) como en una zona no quemada (25 especies).
Tras el paso de los años, la regeneración refleja mayores densidades de regenerado en las zonas con mayor disponibilidad hídrica y zonas de acumulación de flujos, como barrancos, arroyos o ramblas. Estas zonas, además, tienen una biodiversidad ornitológica mucho mayor. Constituyen un refugio especial para la fauna y actúan como corredores de paso, especialmente en zonas donde alrededor apenas existe cobertura vegetal que los proteja de sus depredadores.
Por otro lado, se ha estudiado la densidad de especies presentes en las distintas unidades de muestreo (tabla 3). La diferencia de densidad, en promedio, entre zonas no tratadas y zonas tratadas en el año 2009 es cuatro veces mayor. La densidad de aves es más alta cuantos menos años han pasado desde que se realizaron los tratamientos selvícolas, factor debido al aumento de especies oportunistas. Pero, con el paso de los años, se va manteniendo un nivel elevado de abundancia y diversidad de especies que, en los casos menos favorables, constituyen casi el doble que en zonas no tratadas.
Los resultados muestran que los tratamientos selvícolas están beneficiando la abundancia y diversidad de especies ornitológicas. Los clareos y regenerado de la vegetación favorecen la colonización de especies faunísticas y este hecho se ve especialmente reflejado en la comunidad de aves.

Recomendaciones para una gestión forestal compatible con la conservación de comunidades faunísticas

Establecimiento de un calendario de limitaciones temporales o estacionales a la actividad forestal. Los trabajos forestales deben ser realizados fuera de la época reproductora de las diferentes especies. La actividad forestal, en especial las talas, deben ser paralizadas en épocas de reproducción de cada una de las especies que pueden verse afectadas.
Establecimiento de áreas de gestión restringida y áreas de gestión condicionada. Debe ser considerada una distancia mínima con respecto a los territorios de nidificación en la que no se realizarán tratamientos forestales. Esta distancia varía dependiendo de la sensibilidad de las especies.
En el caso de antiguas plataformas de nidificación, se marcarán con el fin de no cortar el árbol que soporte el nido. Hay especies que suelen reconstruir los nidos, pero para ello necesita un mínimo mantenimiento de la zona donde se encuentra y tranquilidad durante la fase de construcción.
Respetar árboles grandes y viejos. Aparte de una función paisajística, cumplen una función biológica de primer orden al ofrecer una variada y abundante oferta trófica y de cavidades naturales en sus troncos y ramas gruesas para la nidificación y refugio. Son utilizados por numerosos animales: aves como el cárabo común (Strix aluco) o la paloma torcaz (Columba palumbus), algunos roedores como lirón careto (Eliomys quercinus) y carnívoros como la garduña (Martes foina). Por otro lado, permiten el desarrollo de una variada fauna epífita (en líquenes, musgos, lianas, etc.), hábitat de numerosos artrópodos, que son a su vez alimento de aves insectívoras. La pérdida de árboles viejos se ha señalado como una de las varias causas de declive de distintas aves en Europa: paloma zurita (Columba oenas), cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), pito real (Picus viridis), torcecuello (Jynx torquilla) o colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) (Tucker & Heath, 1994).
Dejar en la zona troncos de madera en descomposición. Éstos cumplen una importante función en el ciclo de nutrientes del bosque y a ellos se asocian numerosos organismos, desde hongos, líquenes y briófitos que los utilizan como sustrato, hasta invertebrados, anfibios, aves y reptiles que desarrollan en ellos parte de su ciclo vital o les proporciona refugio y alimento. Por tanto, dejar un cierto volumen de madera en descomposición favorece la biodiversidad. La cantidad ha de establecerse en función del equilibrio entre el beneficio biológico y el riesgo de propagación de plagas, insectos y hongos. No hay problema en sacar gran número de pies delgados, secos o podridos porque un gran porcentaje de ellos no presenta cavidades (entre el 60 y el 90%). Es mejor dejar troncos gruesos, en especial si llevan flora o fauna asociada, o aquellos que lleven indicios de cavidades u otras señales de utilización (Camprodon, 2001).
Las claras por lo alto bien ejecutadas suelen significar una perturbación moderada que no perjudica demasiado a la fauna, siempre que se realicen los trabajos fuera de las épocas más sensibles para la misma, o se respeten sin cortar algunos rodales especialmente vulnerables como los bosquetes alrededor de nidos de rapaces (Saurola, 1997; García Dios, 1999; García Dios y Viñuela, 2000). No obstante, las claras en pinares de repoblación favorecen el desarrollo del sotobosque, con lo que aumenta la diversidad faunística. Aves de las familias de los túrdidos (mirlos y zorzales) y los sílvidos (currucas) aumentan considerablemente su densidad. Los clareos, al ser cortas de regenerado en bosques regulares, son beneficiosos para la fauna, en especial sobre las aves, ya que abren las tupidas masas de árboles pequeños quitando, en general, uno de cada tres o cuatro pies. Los bosques densos y uniformes no favorecen a la avifauna.


El caso de las aves de presa

Así mismo, los tratamientos selvícolas aumentan la abundancia de especies faunísticas presa de especies posicionadas en una escala trófica superior. Es el caso de las rapaces, que se ven favorecidas al aumentar la densidad de conejos y perdices, especialmente.
En la sierra del Cerezo, una de las zonas donde se ha tratado mayor superficie de terreno, se ha asentado recientemente (periodo reproductivo 2010) una pareja de águilas reales, con una producción de dos pollos por año.
Estos tratamientos han favorecido el aumento de especies ‘presa', principalmente conejo y perdiz, lo que es un reclamo muy importante para la colonización de estas aves como territorios de cría.
En cuanto a rapaces forestales, antes del incendio, la disposición de sus plataformas de nidificación era homogénea, estando bien distribuida por todo el territorio de la ZEPA. Lógicamente, tras el incendio, la mayor parte de las parejas localizaron sus plataformas de nidificación en la zona no quemada, en las inmediaciones del río Alhárabe. En la actualidad las rapaces forestales están colonizando la zona que sufrió el gran incendio.
Dentro del área incendiada han sido localizados dos territorios de busardo ratonero (Buteo buteo), dos de aguililla calzada (Hieraaetus pennatus) (uno de ellos fuera del límite de la ZEPA), tres de culebrera europea (Circaetus gallicus), dos de gavilán (Accipiter nisus) y uno de búho chico (Asio otus). Todos ellos se localizan en islas de pinos que no llegaron a quemarse completamente y cerca de zonas que están siendo objeto de tratamientos selvícolas, como la Almenara del Roble o la Capellanía.
Como balance total, dentro de los límites de la ZEPA sierra de Moratalla han sido estimados 22 territorios de rapaces forestales y 20 de rapaces rupícolas.

Conclusiones
En general, en la ZEPA sierra de Moratalla, las comunidades faunísticas, y más concretamente la comunidad ornitológica, están dando una respuesta positiva a la gestión forestal realizada en la zona incendiada. Los tratamientos selvícolas favorecen el aumento de la biodiversidad y el aumento de especies como conejo, presa principal de vertebrados que están en la punta de la pirámide trófica, como son las rapaces ya sean forestales o rupícolas.

Es sumamente importante conservar las manchas de pinar que, aún estando localizadas dentro del área incendiada, de una forma u otra no se quemaron, ya que constituyen verdaderas islas de biodiversidad y zonas potenciales de colonización como hábitat de reproducción de rapaces forestales.

El regenerado de vegetación en barrancos, arroyos y ramblas ha sido excelente, constituyendo un refugio muy valioso para la fauna.


Fuente:
Amparo García Mellado
Unidad Territorial del Noroeste Río Mula. Servicio de Gestión y Protección Forestal. Dirección General de Medio Ambiente
Bibliografía
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Cabezas, J.D.D. y Masia, R. 2004. Programa para el Seguimiento y Control Postincendio en los Ecosistemas Forestales de Moratalla, Murcia, España. Memorias del Segundo Simposio Internacional Sobre Políticas, Planificación y Economía de los Programas de Protección Contra Incendios Forestales: Una Visión Global.
Calvo Sendín, J. F., Chaparro Fuster, J., López Hernández, J. J., Palazón Ferrando, J. A., Sánchez Zapata, J. A. 1994. Informe preliminar sobre los efectos ecológicos del incendio forestal de Moratalla y algunas líneas de actuación. Departamento de Ecología y Medio Ambiente de la Universidad de Murcia. 39 pp.
Camprodon, J. 2001. Tratamientos forestales y conservación de la fauna vertebrada, pp: 135-182. En: Conservación de la biodiversidad y gestión forestal: su aplicación en la fauna vertebrada. Ed. Jordi Camprodon i Subirachs y Eduard Plana Bach. Barcelona.
García Dios, I.S. 1999. Un nido de águila calzada, perdido por talas en Gredos. Quercus, 168: 52.
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Saurola, P.L. 1997. The Osprey (Pandion haliaetus) ans modern forestry: a review of population trends and their causes in Europe. Journal of Raptor Research, 31: 129-137.
Tellería, J.L. 1986. Manual para el censo de los vertebrados terrestres. Ed. Raíces. Madrid.
Tucker, G.M. & Healh, M.F. 1994. Birds in Europe. Their Conservation Status. BirdLife International. Cambridge.
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Petirrojo
Tras el devastador incendio de Moratalla en 1994, han sido muchos los esfuerzos por recuperar el valor ecológico y paisajístico de su monte. Uno de los grupos faunísticos más perjudicados fue el de las aves, perdiéndose buena parte del territorio de nidificación de rapaces. Estudiando la presencia y madurez de sus poblaciones, podemos evaluar la eficacia de las labores de restauración. Foto J. Zamora
Águila real. Foto: Eugenio Martínez Noguera