Número 29 | Cuarto trimestre 2011

OFICIOS AL NATURAL "Los esparteros"

La Región de Murcia tienen una gran tradición en el trabajo del esparto, uno de los más laboriosos y que más han impulsado la economía de las poblaciones rurales en el siglo XIX. Sin embargo, el paso del tiempo y el abandono de los usos tradicionales están relegando los trabajos del esparto a meros elementos expositivos.

El clima seco y de paisajes áridos es típico del sudeste español, donde abundan las plantas herbáceas y arbustivas como el esparto, perteneciente a la familia de las gramíneas, igual que el trigo y la cebada.
Algunas de sus características definitorias son, por ejemplo, su perdurabilidad en el terreno, sus hojas largas y finas, y sus espigas en forma de penacho.
Hasta bien entrado el siglo XX esta planta tenía una enorme utilidad, empleándose en la fabricación de utensilios de labranza, trilla, labores del hogar, aperos para animales, etc.
Pero, actualmente, ha perdido mucho terreno, siendo sustituido por la goma, el plástico o la fibra sintética.
Sin embargo, algunos pueblos de nuestra Región todavía conservan esta tradición artesana.

Origen

El término ‘esparto' se suele utilizar para nombrar las hojas, mientras que a la planta, en general, se la denomina ‘atocha' o ‘espartera'. Ésta comenzó a utilizarse en una primitiva industria de cordeles, aparejos de naves, capazos, espuertas, útiles agrarios y materiales de cambio.
Los fenicios, y especialmente los púnicos, lo comercializaron por todo el Mediterráneo. Aparece en textos de Estrabón y Plinio, quienes escribieron sobre el esparto encontrado por los romanos en la segunda guerra púnica y comercializado desde el año 500 a.C. por los cartagineses (de ahí deriva el nombre de Campus Spartarius para la comarca de Cartagena).
Aunque algunos estudios arqueológicos afirman que el esparto se utilizaba ya en la prehistoria de la Región murciana, fueron los romanos los que impulsaron esta industria, localizada en el norte de las provincias de Almería, Granada y Murcia; y en el este de Albacete.

Desarrollo de la industria

La actividad del esparto fue adquiriendo gran importancia a nivel nacional, hasta el punto de que Carlos III prohibió su importación. Pero, tras su muerte, adquirió un gran valor en el mercado exterior, especialmente en Inglaterra, país consumidor por excelencia.
A mediados del siglo XIX ya era una industria floreciente y la materia prima abundaba en los montes de algunas comarcas de la Región, por lo que comenzó una época de desarrollo.
Los obreros arrancaban el esparto y después lo vendían por peso en fardos, kilos o arrobas (unos 11,5 kilos). Al principio, se trabajaba tal y como se recogía del campo, y se trenzaba para hacer cestos, capazas, seras, etc., que después servían para la recolección de frutos y verduras o para el transporte de otras materias.
Posteriormente, comenzaron a picarlo o machacarlo para que su textura fuese más suave. Así, unos mazos mecánicos picaban el esparto obteniendo una materia mucho más fácil de trenzar, con lo que se podían realizar trabajos más atractivos y estéticos.

Actividad actual

Aunque la preparación y el trenzado del esparto se realiza hoy, mayoritariamente, en grandes fábricas de forma industrial, aún subsisten pequeños artesanos que continúan la tradición.
Junto al esparto existen otras fibras como el cáñamo, el yute o la pita (estas dos últimas en menor proporción) con las que los artesanos murcianos elaboran cestos, alpargatas, esparteñas, soplillos de la lumbre y otros objetos.
Con caña y palmito se fabrican escobas, jaulas para pequeños animales y una gran variedad de cestería, sector muy importante dentro de la artesanía popular murciana.
Entre los productos de cestería de caña son muy conocidas las polleras: grandes cestas con los laterales abombados, que se utilizan en las casas de campo para resguardar a los polluelos de pava y gallina en sus primeros días de vida. También producen canastas para ropa, papeleras, costureros, cestas para huevos, etc.

Transformación del esparto

El proceso de transformación del esparto comienza en el monte, arrancando las matas de esparto. Los esparteros se ayudan de palillos para llevar a cabo la recolección, para después realizar la llamada ‘tendía' en el monte, es decir, el esparto arrancado se extiende en el suelo del monte para que se seque.
El siguiente paso responde al nombre de ‘cocío': el esparto se sumerge en balsas de agua para que la fibra se ablande y, al cabo de treinta o cuarenta días, se tiende para su secado.
Después comienza el ‘picao', por el que el esparto se somete a un aplastamiento en los mazos para desprender la parte leñosa de la fibra. Esta tarea ha sido tradicionalmente elaborada por las mujeres, denominadas ‘picaoras'.
A continuación, comienza el ‘rastrillao', un proceso por el que se peinan las fibras de esparto en rastrillos de púas de acero que separan los haces de fibra de sus hojas, despojándolos de sus partes leñosas.
Y por último, el ‘hilao', que consiste en una rueda de madera movida por un ‘menaor' que hacía girar unas ‘carruchas' donde se enganchaban las fibras de esparto. Sobre ellas, los ‘hilaores' iban añadiendo más fibra rastrillada, formando hilos de un cabo (filástica) que luego se corchaban con la gavia, componiendo la diferente cordelería.

Sistema económico y social

El esparto español supera en calidad al de todos los países mediterráneos, ya que contienen un mayor porcentaje de celulosa y su fibra es mucho más fina, por ejemplo, que la de su homólogo argelino, nuestro segundo competidor en calidad.
Pero su recolección ha sido tradicionalmente realizada a mano, resultando un trabajo duro y costoso, apenas mecanizado: un factor decisivo para que actualmente sea una actividad casi obsoleta a nivel nacional.
Muchos municipios murcianos han utilizado el esparto como materia prima fundamental en su proceso industrial local, convirtiéndose en el principal eje económico durante determinadas etapas cíclicas.

Zonas productoras

Las principales áreas productoras de esparto a mediados del siglo XIX y principios del XX eran: Cieza, Abarán, Cehegín, Lorca, Bullas, Abanilla, Águilas, Albudeite, Campo de Cartagena, etc.
Actualmente, la industria del esparto en la Región de Murcia es prácticamente residual, aunque todavía hoy existen algunos artesanos dedicados a esta labor tradicional.
En Cieza el esparto constituye, aún hoy, toda una seña de identidad, ya que durante largo tiempo fue uno de los medios de vida de los ciezanos, así como el motor industrial de la ciudad.
En Bullas, artesanos del esparto tienen la oportunidad de exponer sus productos cada mes en el mercado artesanal del Zacatín.
La artesanía del esparto, con objetos como alfombras, constituye una de las tradiciones artesanales más ancestrales de municipios como Blanca. Del mismo modo, durante los siglos XVII y XVIII Cehegín vivió una época de esplendor y riqueza gracias, entre otras cosas, a la floreciente industria del esparto.

Usos actuales

En la actualidad, son tres los usos con los que aún cuenta el esparto. Por un lado, se utiliza en bruto para las arpilleras, en artesanía; por otro, mezclado con escayola para utilizarlo en la construcción; y, por último, en una especie de manojos ya preparados para realizar injertos en agricultura.
Hay que resaltar, además, un nuevo mercado bastante exitoso relacionado con el esparto, que es su comercialización como estropajos, especialmente en Alemania. Como cualidades características, destaca su calidad ecológica, siendo un producto alternativo a sus homólogos químicos utilizados para la limpieza.

Fuente: Región de Murcia Digital