Número 29 | Cuarto trimestre 2011

APUNTES HISTÓRICOS "Cuando las tortugas desovaban en La Manga"

La Manga del Mar Menor es mundialmente conocida como destino turístico de veraneo, con grandes construcciones y gran ambiente. Pero esto es algo relativamente reciente, pues personas que hayan conocido esta zona hace apenas 60 años la recordarán como un paraíso natural de arenas blancas y abundante flora y fauna.

La Manga del Mar Menor es un cordón litoral de 21 kilómetros de longitud que se extiende en dirección sur-norte desde Cabo de Palos hasta las salinas de San Pedro del Pinatar. Con una anchura de entre 100 y 1.200 metros, separa el mar Mediterráneo del Mar Menor.
Sus orígenes geológicos están entrelazados con los del Mar Menor y se remontan a la Era Terciaria (65 m.a.-1,7 m.a.), cuando se estaban formando las montañas Béticas y el Mar Menor era aún una bahía abierta al Mediterráneo. Como consecuencia de los plegamientos y alzamientos que se desarrollaron hace unos 10 millones de años, la enorme cubeta del Mar Menor recibió gran cantidad de sedimentos procedentes del Campo de Cartagena y de sus ríos, que fueron colmatando la bahía. Al tiempo, una serie de erupciones volcánicas, surgidas del fondo marino, dieron lugar a las islas cercanas a La Manga, al macizo de Calnegre y a otros pequeños promontorios. Estas elevaciones ayudaron a que las corrientes marinas procedentes del norte chocaran con Cabo de Palos y depositaran un brazo de arena que fue cerrando la laguna. El aspecto del Mar Menor comenzó a ser similar al actual, una bahía cerrada con golas o canales naturales de comunicación con el Mediterráneo, hace unos 2.000 años, ya que hasta ese momento estaba prácticamente unido al Mare Nostrum (Mar Mediterráneo).
En las inmediaciones de La Manga del Mar Menor y en los fondos marinos de la laguna salada se han encontrado vestigios que confirman el paso por la zona de diversas civilizaciones, como el poblado eneolítico en Las Amoladeras (Cabo de Palos), que atestigua que estas tierras y este mar ya resultaban atractivos para la peregrinación o asentamiento de pueblos prehistóricos.
En la antigüedad, los íberos asentados en esta tierra tuvieron una próspera relación comercial con los fenicios, desarrollándose una importante red comercial marítima y una industria pesquera que continuaron romanos, griegos y cartagineses en los primeros siglos de nuestra era, además de extraer sal del Mar Menor.
Ya en la Edad Media, la aportación del pueblo árabe a La Manga y al conjunto de la comarca marmenorense es de gran trascendencia, puesto que construyeron artilugios de pesca llamados encañizadas, colocados en las golas o canales naturales que se abren en La Manga y que comunican el Mar Menor con el Mar Mediterráneo.
Estos sistemas de pesca se siguen utilizando en la actualidad, como hace siglos, para la captura del mújol y de otras especies típicas del Mar Menor.

La espectacular evolución urbanística vivida entre 1963 (momento en que dio comienzo) y 1980, ha marcado profundamente un entorno que ha pasado de ser un espacio natural de gran importancia ecológica a ser una masificada e hiperurbanizada población orientada al turismo

Fauna y flora originales

Originalmente, el cordón litoral estaba cubierto de arena y, en su parte más ancha, revestido de una densa vegetación. Su ubicación privilegiada como frontera entre el Mar Mediterráneo y la laguna del Mar Menor hacían de La Manga un ambiente de transición entre uno y otro ecosistema. En la parte sur (Cabo de Palos) se encontraba el llamado ‘Pinarete de las Salinas', seguido de un sabinar litoral sobre las dunas, donde dominaban las sabinas y los enebros. Algo parecido sucedía en la parte norte, con el pinatar y más sabinares.
Sobre la fauna litoral terrestre, historiadores antiguos nos dan noticia de especies que parecen sacadas del paraíso. El rey Alfonso XI, en su ‘Libro de la Montería' (siglo XIV) citaba para esta comarca marmenorense la cría de ‘encebras, corzos, gamos y jabalís que cruzaban a los islotes cuando bajaba el nivel de las aguas' y zonas arbóreas del Pinatar, cuyos montículos se asomaban al mar, recordando una sugestiva panorámica arbórea, hoy desaparecida.
Entre las aves hace referencia a la existencia de halcones, mochuelos, gavilanes, abubillas y grajas, además de otras especies migratorias como golondrinas, vencejos, tordos, codornices, avefrías y pajaritas de las nieves.

Una nueva composición natural

Fue en 1582 cuando se mandó talar, por el concejo de Cartagena, la zona boscosa de La Manga debido a las emboscadas que los corsarios argelinos tendían a los pobladores. Tras eso, la vegetación, fundamentalmente pinos, sabinas y enebros, fue desapareciendo hasta quedar un paisaje arenoso salpicado con escasa flora, que se conservó mejor en la parte de San Pedro del Pinatar.
El conjunto formado por el Mar Menor, las islas y las dunas, tal como quedó a finales del siglo XVII, permaneció casi intacto hasta los primeros años de la década de los sesenta del siglo XX, momento en el que comenzó la urbanización de la zona.
Al principio se trataba de actuaciones poco extensas y de indudable interés arquitectónico. Incluso algunos viejos pescadores recuerdan cómo, hace 50 años, iban las tortugas bobas a desovar en las dunas de La Manga. Pero en la década siguiente se producirá una desenfrenada carrera por edificar de cualquier manera todo el espacio disponible, hasta llegar, a principios del siglo XXI, a la saturación que podemos contemplar hoy. Todavía queda una reducida extensión de terreno en el extremo sur y otra algo más amplia en el norte, tal y como eran antaño.Han sido salvadas para dar un testimonio de lo que fue este territorio singular de nuestra Región.


Fuente:
- Una tierra, dos mares, nueve lugares. Consorcio Administrativo ‘La Manga Consorcio'
- Región de Murcia Digital
- Fotos Archivo Municipal de Cartagena


Fuente:
- Una tierra, dos mares, nueve lugares. Consorcio Administrativo ‘La Manga Consorcio'
- Región de Murcia Digital
- Fotos Archivo Municipal de Cartagena


Dunas. Sin fecha
Isla del Ciervo. 1960