Número 2 | Primer trimestre 2004

Visitando. La vega del río Segura

El río Segura es la columna vertebral de la Región de Murcia. Ha tenido tanta importancia para la comunidad murciana como el Río Nilo para Egipto. A lo largo de su curso han ido creciendo pueblos y ciudades cargadas de historia, y los parajes que va dejando a su paso son de gran riqueza medioambiental.

El río Segura nace a unos 1400 metros de altitud en la provincia de Jaén, pasando por la provincia de Albacete antes de llegar a la Región de Murcia. Su recorrido hasta llegar al mar es corto, comparado con los principales ríos españoles, sólo 325 kilómetros.
Debido al clima y su estratégica situación geográfica, el paso del río ha ido creando gran diversidad de paisajes, ya que en el transcurso de pocos kilómetros podemos encontrar tanto bosque de coníferas como zonas desérticas que a su vez crean el hábitat ideal para especies animales que ya sólo se pueden encontrar en muy pocos lugares.
Todos ellos, aunque unidos por un denominador común, que es el río que los baña, son diferentes. Cada uno aporta algo distinto y especial que los hace únicos. Desde aquí vamos a intentar hacer un recorrido por todos estos pueblos, repasando principalmente sus valores naturales, pero también su historia, sus monumentos y sus fiestas.
Calasparra es el primer pueblo que el río Segura se encuentra a su paso cuando entra en la Región de Murcia. Cuenta con una gran variedad de paisajes: Secano, Huerta, Arrozales (únicos en Europa en tierras de interior). Esta comarca alberga uno de los mejores bosques de ribera de la Región; Cañaverosa. Un tipo de ecosistema de gran valor no sólo por su escasez a escala regional sino también por la biodiversidad que acoje (álamos, fresnos, sauces), y de fauna (búho real, águila culebrera e incluso nutria).
Su privilegiada situación geográfica ha facilitado el asentamiento de diversas culturas a lo largo de la Historia. Sus orígenes nos los encontramos en el paraje conocido como Calasparra Vieja, junto al santuario Virgen de la Esperanza.
Cuando llegamos a Calasparra hay varios lugares que no podemos dejar de visitar. Por orden cronológico, las pinturas rupestres de la Cueva de los Monigotes, en el Abrigo del Pozo, en el paraje de Los Almadenes. Están realizadas con un trazo esquemático, en colores rojizos. Son típicas del arte rupestre levantino y tienen una antigüedad aproximada de unos 4.000 años. El Arco de la Rambla es un segmento del acueducto romano, rehecho en el siglo XV, y que aun funciona transportando agua a los campos de arroz. El Santuario de la Virgen de la Esperanza está situado al amparo de un abrigo natural junto al río Segura, a tan solo 5 kilómetros de la ciudad. La construcción es del siglo XVII, aunque hay indicios que indican que la Virgen se veneraba desde mucho antes. La Torre del Reloj es una edificación de aire mudéjar, realizada en ladrillo, que preside la calle Mayor de Calasparra. En lo alto de la torre destacan las cuatro esferas del reloj que le dan nombre.
La siguiente población a la que nos lleva el cauce del segura es Cieza, capital natural de la comarca de la Vega Alta del Segura. Debido a su situación estratégica junto al río, ha sido denominada la puerta norte de la Región de Murcia. Poblada desde tiempos remotos, destaca entre muchas cosas por sus yacimientos Paleolíticos y Neolíticos, únicos en el Arco Mediterráneo y declarados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Habitada posteriormente por íberos (yacimiento de Bolvax), por romanos y visigodos y por los árabes (conjunto arqueológico de Medina Siyasa).
Cercanos al río encontramos árboles de hoja caduca, como álamos, fresnos, chopos y sauces, así como juncos, cañaverales y adelfas (baladres). Destacable es su impresionante cañón de Los Almadenes, declarado como Espacio Natural Protejido. Alejándonos del río, las zonas boscosas están desapareciendo por diversas causas, una de ellas la falta de agua. Esos terrenos son ocupados por matorrales como tomillo, romero, coscoja, esparto, entre otros. Lo mismo ocurre con la fauna, aunque todavía se pueden encontrar liebres, conejos, zorros, jabalíes, tejones, lagartos y culebras; aves como búhos, mochuelos, cuervos, grajos, perdices, torcazos, tórtolas, chorlitos, jilgueros gorriones y abejarucos, y algunas especies en peligro de extinción como águilas, y martínes pescadores.
Al visitar Cieza es imprescindible pasear por su Balcón del Muro, desde donde se puede apreciar toda la riqueza de la vega y el río Segura. Tampoco debemos perdernos La Ermita de San Bartolomé, edificio más antiguo de la ciudad junto con la Casa de la Encomienda, que fue la Torre del Homenaje de la fortaleza que la Orden de Santiago construyera entre 1477 y 1491.
Un atractivo añadido a la ciudad son sus Mercadillos de los Frailes, celebrados desde octubre a mayo, el último domingo de cada mes en el callejón junto al antiguo convento de los franciscanos. En estos mercadillos podemos encontrar todos los productos típicos de la zona.
El origen de la población de Abarán se sitúa en la misma orilla del río, aunque con el tiempo sus edificaciones se fueron trasladando a las laderas vecinas para dejar espacio a los huertos. Su ocupación se remonta a la Edad del Bronce, pobladores a los que siguieron los neolíticos, íberos, romanos y musulmanes. En la actualidad, la industria maderera, implantada en este siglo, ha reanimado la actividad económica local.
Se encuentra rodeada de una amplia zona forestal, las sierras del Oro y La Pila, esta última catalogada como Espacio Natural Protegido por la Comunidad Autónoma de Murcia.
Entre sus monumentos más importantes destaca la Iglesia de San Pablo, construcción del siglo XVI, aunque acabada en el XVII de la que despunta su campanario visible desde todo el pueblo. El Santuario de Santa María del Oro, en plena Sierra del mismo nombre, dispone de un magnífico mirador sobre la vega del Segura y el Valle de Ricote. En su interior podemos encontrar imágenes de un gran valor artístico.
Abarán posee un conjunto de norias funcionales único en la región, tanto es así que podemos realizar la "Ruta de las Norias", que iniciamos en La Ñorica, la más pequeña. La Noria de Candelón data de 1.850 y fue reconstruida en 1988. La Noria Grande, ubicada en el Molino de Papel, es la de mayor diámetro de las existentes en España (11.92 metros), y su primer proyecto de construcción data del año 1.805. Concluimos el itinerario en la noria de Don García.
Situada en la margen izquierda del río, Blanca está en pleno corazón del Valle de Ricote. Sus tierras regadas por el río Segura configuran un valle fértil y atractivo. En su término destacan las Sierras del Solán, a cuya falda se encuentra el núcleo urbano, y la Navela, donde se hallan dos miradores desde los que contemplar el Azud, la huerta, y el núcleo urbano; y Sierra de la Pila (1264 m).
El núcleo urbano se ubica a los pies del castillo, símbolo de Blanca, que desde la Peña Negra destaca y domina el Valle. Esta Peña está constituida por roca feldespática denominada andesita augítica, de color oscuro y que únicamente se encuentra aquí en toda la comarca.
Como lugares de interés para el visitante se encuentran la Ermita de San Roque, iglesia barroca del siglo XVIII; la Iglesia Parroquial de San Juan Evangelista, reedificada en el XVIII; y por supuesto, el castillo, anterior al siglo XII, uno de los más antiguos de la región.
A lo largo del año tienen lugar numerosas fiestas como la despedida de las Ánimas, Semana Santa, la Romería de San Roque y el Encierro, declarado de interés Turístico Regional. No abandonaremos Blanca sin visitar su "oasis" en donde se puede todavía contemplar palmeras datileras, limas y otros cultivos tradicionales murcianos.
Un poco más adelante, situado en el valle al que le da nombre, en la comarca de la Vega Alta del río Segura, hallamos el pueblo de Ricote, alquería mencionada en los primeros anales de la dominación musulmana; estuvo poblado de íberos y romanos, y posteriormente por árabes, constituyendo entonces una época de gran esplendor.
Bañado por el Segura, el valle de Ricote nos brinda un paisaje lleno de azahar, norias y palmeras. En las sierras del Oro y de Ricote pueden verse, esporádicamente, cabras monteses. El pino carrasco es la especie vegetal dominante, junto a la jara, la coscoja, el lentisco, el romero, la sabina y el enebro. Importante es la presencia y cría de rapaces forestales como el águila culebrera, gran ave rapaz que toma nombre de su capacidad para alimentarse, casi exclusivamente, de reptiles.
Antes de llegar al pueblo ya vemos asomar la torres de su Iglesia parroquial (Siglo XVIII), lugar de obligatoria visita, así como el Palacete de Llamas (Siglo XVIII), el Convento de D. Diego Candel Rubio (Siglo XVI), la Ermita Ntra. Sra. de las Huertas (Siglo XVI), la Portada de la Casa de Hoyos (Siglo XVIII) y, por supuesto, el Castillo "Alarbona" (Siglo IX), cuyos restos coronan el altozano donde se asienta Ricote.
Ojós se extiende entre la falda de una pared montañosa y el margen derecho del río. A principios del siglo XVI, los musulmanes de Ojós, es decir la totalidad de su población, se convirtió al cristianismo. La impronta árabe quedó patente pues se dice que es la zona de la región donde se mantienen puros los rasgos moriscos.
Dentro del casco urbano se sitúa la Iglesia de San Agustín, pintada de ocre y blanco siguiendo el estilo de la zona. En pleno centro un lavadero público continúa desarrollando su misma función. En Ojos ha sido muy importante la existencia de norias, y algunas de ellas se conservan en muy buenas condiciones.
En los alrededores de Ojós merece la pena que nos detengamos un momento. Cerca del Embalse del Mayés, se encuentra una pequeña ermita dedicada a San Joaquín y Santa Rita. El Salto de la Novia, peñasco desde el cual, según la fábula, se arrojó al vacío una muchacha al saber que su amado había muerto.
No lejos del pueblo, el río forma el Azud de Ojós. Con el término de Azud designaban los musulmanes a esta presa. El Azud de Ojós se incluye en el Inventario Regional de Zonas Húmedas por su importancia para las aves acuáticas.
El embalse está caracterizado por ser uno de los de la región con aguas más dulces y pobres en nutrientes, lo que se debe a la alta tasa de renovación de sus aguas. La pendiente tan escarpada de sus orillas no permite la típica vegetación lacustre. Por todo ello, el Azud más parece un ensanchamiento del río que un embalse.
La garza real habitualmente inverna aquí y, además de ella, nos podemos encontrar con patos prácticamente de todo tipo, aunque predominan los buceadores, y más aves invernantes como el zampullín chico, el somormujo lavanco y el cormorán grande. También podemos ver mosquiteros, currucas, lavanderas, mirlos y tuercecuellos.
La fauna terrestre asociada al embalse es un buen indicador de la naturaleza de sus aguas, como la rata de agua; entre los reptiles destacan las culebras de agua y el galápago leproso y en cuanto a anfibios tenemos la rana común y el sapo común.
La vegetación ribereña está constituida por cañas, con manchas de carrizo y anea, así como juncos en las vaguadas y ejemplares arbustivos de taray.
Ulea se encuentra al pie del Monte del Castillo, en el margen izquierdo del río Segura. El casco urbano antiguo está constituido por dos calles principales que van de una punta del pueblo hasta la otra y varias calles paralelas a éstas. En el centro del pueblo se encuentra la iglesia parroquial de San Bartolomé, una antigua mezquita reconvertida en iglesia, que se levantó en el siglo XV. Su fachada domina la plaza y su campanario se destaca sobre los tejados de la población. También es importante el templete octogonal sobre ocho arcos llamado de Henchidor, que está revestido de mármol blanco y gris.
Plaza fuerte en la Edad Media, conserva, aunque muy degradado, su castillo y fragmentos de muralla. Se conserva también una pila, llamada de la Reina Mora. Seguramente fue un puesto de vigilancia de entrada al valle, aunque la leyenda dice que era el lugar donde se bañaba la favorita de Aben Hud.
Villanueva del río Segura está situada entre montañas en la orilla derecha del río, en el Valle de Ricote, y es el propio río el que hace de frontera natural con la vecina población de Ulea. Aunque es uno de los municipios más pequeños de la Región, su riqueza en frutales es importante, dedicando la mayor parte de la producción a la importación.
En la plaza de la Constitución podemos ver la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. De estilo neoclásico fue construida a finales del XVIII.
No muy lejos del núcleo urbano, encontramos un paraje frondoso de gran interés al que los vecinos de Villanueva denominan "la fuente". A lo lejos la gran figura del Corazón de Jesús, situada en lo alto de un promontorio, impone su presencia en la distancia.
Situada en la Vega del Segura, cerrando el acceso al Valle Morisco de Ricote, encontramos Archena, población de fértiles huertos de agrios y frutales en un paisaje en el que tienen gran protagonismo las palmeras. Contrastan en su paisaje los vergeles de los regadíos con el desierto de los secanos y de las agrestes montañas colindantes.
Algunas especies arbóreas genuinamente fluviales, como el álamo, el fresno o el chopo, pueblan las orillas del río Segura a su paso por Archena, en cuyas aguas abundan los barbos y carpas. Todavía en alguno de sus tramos, está bien conservada la vegetación ribereña y a las especies vegetales arbóreas se suman multitud de planta herbáceas ligadas al agua como mentas, valerianas y carrizos.
El río ha hecho de esta población lugar codiciado desde la cultura argárica por la calidad de sus arcillas, la fertilidad de sus huertos y los escarpados cerros donde guarecerse. Fuente de restos, el Museo Arqueológico Nacional, exhibe piezas como la célebre Urna de los Guerreros o el Vaso Ibérico, encontrados en el Cabezo del Tío Pío, así como El Ungüentario y la Falcata.
Entre los lugares a visitar, merece especial atención la Ermita del Balneario, edificio levantado en 1878, la Iglesia Parroquial, construida entre 1770 y 1789, y muy próxima a ésta la Casa Grande, actual sede del Ayuntamiento, un edificio renacentista construido en el siglo XV. Otro lugar de gran interés es el Palacete de Villarias, situado en el centro del pueblo e íntimamente asociado al jardincillo que le rodea.
Pero uno de los grandes atractivos de la localidad es su balneario, ubicado en un recodo del río, los estilos de sus termas se remontan a las épocas romana y mozárabe. Sus aguas clorurosódicas, sulfurosas, yoduradas y latínicas, brotan a una temperatura de 49ºC y son recomendadas para enfermedades de la piel, neuralgias y afecciones reumáticas.
Se desconoce cuando comenzó a poblarse Ceutí, aunque hay indicios de un asentamiento ibérico en el Cabezo del Catalán. Parece que también existió un asentamiento romano cerca de la Rambla del Salar de Archena. Los musulmanes tuvieron una influencia decisiva en el territorio que denominaron como "Alquería de Zepti".
En su casco urbano podemos ver la Iglesia de Santa María Magdalena, y la Ermita de San Roque (patrón de Ceutí). El Museo Etnológico está situado en una vieja fábrica de conservas, reúne utensilios antiguos que los vecinos han ido donando.
En medio de un paisaje casi lunar surge Lorquí. Su historia se remonta a los íberos, que ya poblaron el caserío de Los Palacios en el siglo IV. La batalla librada entre cartagineses y romanos en la Llorci ibérica culminó, según la tradición local, con la muerte del general romano Cneo Escipión en un cerro que aun lleva su nombre.
En el interior del pueblo merece la pena contemplar el Ayuntamiento, un edificio nuevo, al que se le respetó el escudo antiguo en su fachada. Además en la plaza Mayor tenemos la iglesia de Santiago que, de estilo renacentista, fue construida a finales del siglo XVIII y en la que destaca su torre del reloj, con campanario. En el interior una talla de San José es atribuida a Salzillo.
En toda esta zona las norias tienen una gran importancia. Un buen ejemplo es la Noria del Rapao que fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional. Construida en el siglo XVIII su estructura es de hierro. Esta noria está situada en el paraje de la Arboleda, en la finca de la Cierva. Junto a ella se encuentra la casona de la finca.
La cuarta población en importancia de Murcia es Molina de Segura, con sus más de 52.500 habitantes. Su origen se remonta al pasado ibérico y las culturas del hierro y bronce. También está demostrada la presencia cartaginesa. De los romanos dos de sus calzadas se cruzaban aquí: las que iban a Cástulo y a Complutum; y hay presencia de villae en el campo. Los árabes hicieron de ella una fortaleza. La llamaron Mulina as-Sikka: Molina de la Calzada. El reyezuelo Ibn Mardanis (1146-1172) fortaleció sus murallas y sangró el río Segura por la Algaida para regar sus tierras, con lo que consiguió un aumentó de población.
Más tarde, el régulo Ibn Hud puso a Murcia y su reino en manos castellanas (1243), Molina entre ellas, pero se sublevó mas adelante (1266). El rey Jaime I de Aragón, suegro de Alfonso X el Sabio, reconquistó el reino en 1266 para su yerno. Le dieron el nombre de Molina Seca.
Si visitamos su interior tenemos que ver la casa-cárcel, fundada en el 1604 aunque reformada en el siglo XVIII y la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, del mismo siglo y que en 1983 fue declarada monumento histórico artístico nacional.
El municipio de Molina llega hasta la Sierra de la Pila, Parque Regional de 7.800 hectáreas. Conserva carrascales de alto interés y sabinares en las zonas más elevadas y acoge un 10% de las especies conocidas en la península Ibérica. Sus relieves abruptos forman parte de la cordillera Bética y alojan fauna tan interesante como grandes rapaces y mustélidos forestales. A un centenar de metros de la autovía Murcia / Madrid, en el desvío de Fortuna, se hallan unas salinas utilizadas en tiempo de los árabes, Mina Mercedes que es un manantial de agua salobre.
La villa de Alguazas, topónimo derivado de Alguaça, término árabe que significa en medio de, está situada entre dos ríos. Existen referencias arqueológicas en la Loma de los Peregrinos y en el Cabezo de la Zobrina, de un primer asentamiento datado en la Edad del Bronce, aproximadamente hace unos dos mil años antes de Cristo. Los primitivos núcleos de población se situaban alrededor de los cauces fluviales, razón por la que su centro urbano ocupó tres enclaves distintos a causa de los frecuentes desbordamientos de ambos cauces.
Como lugares de interés tenemos la iglesia parroquial de San Onofre, levantada a principios del siglo XVI sobre la antigua mezquita y que tiene influencias moriscas y diversos estilos correspondientes a cada una de las épocas en que fue restaurada. La Torre del Obispo o de los Moros, recientemente restaurada se remonta al siglo XII. Hasta 1321 perteneció a diversas reinas: Constanza de Aragón (esposa de Jaime II), María de Molina y la infanta Constanza.
Las Torres de Cotillas pertenece a la Vega Alta del Segura. Situada a escasa distancia del río Segura entre su confluencia con el río Mula y la Rambla Salada, que ocupa la zona sur del término. La historia cita dos emplazamientos de Las Torres de Cotillas, topónimo de origen visigodo que algunos autores lo consideran un diminutivo de Gottia y otros una derivación de Qutiyya / Gotilla / Cotilla, ambos con el mismo significado: la de los Godos. Los moradores del primer enclave, llamado Alguaza de Cotiellas y Benahendy, donde hoy se asienta la pedanía de San Pedro o Cotillas Antigua, se trasladaron en el siglo XVIII al caserío de las Torres de las Fuentes.
Quedan vestigios de los primeros asentamientos en la pedanía de La Loma y en la Rambla Salada, donde se encontraron restos de unas termas romanas del siglo III antes de Cristo.
En un paseo por esta localidad podemos contemplar el monumento al huertano torreño en la Plaza de la Constitución, la Iglesia de Nuestra Señora de la Salceda del siglo XVIII, y el "Parque de la Constitución", zona verde situada en el centro del casco urbano y que cuenta con una vegetación típicamente mediterránea con predominio de pinos y palmeras.


Río Segura a su paso por Calasparra
Río Segura a su paso por Los Almadenes. Cieza
Huerta de Abarán
Río Segura a su paso por Blanca
Noria en funcionamiento. Abarán