Número 1 | Segundo trimestre 2003

Visitando. Abanilla

Este pueblo amable, entre ramblas y barrancos, oasis de palmeras datileras, y con una importante actividad cantera, nos abre en este número sus puertas para conocerle un poco mejor.

Uno de los municipios donde podemos comprobar que nuestra región está dotada de grandes contrastes es Abanilla.
Enclavado en el sector oriental de la Región de Murcia, a 28 km. de la capital, entre los municipios de Jumilla, Fortuna, y los alicantinos de Pinoso, Algueña y Orihuela, se encuentra el término municipal de Abanilla.
Su localización geográfica y sobre todo su climatología, han esculpido un fuerte carácter a esta tierra. Su suelo, en el que coexisten rocas de diferente naturaleza y resistencia a la erosión, ha originado una peculiar morfología. Encontramos un gran contraste entre los sectores más o menos llanos, ocupados por tierras de labor unas veces, por ramblas y barrancos otras, y las descarnadas y pétreas sierras desprovistas casi completamente de vegetación. En medio del secano que invade la casi totalidad del territorio, se alza la refrescante presencia de la huerta de Abanilla.
Al estar buena parte del municipio formado por materiales blandos del mioceno, encontramos una formaciones peculiares que se repetirán en otros lugares de nuestra geografía, se trata de los "bad-lands", un paisaje de tinte desértico, laberinto de pliegues y cárcavas que originan formas abarrancadas o "artesas invertidas".
La zona de los Barrancos, al oeste de Abanilla, se asemeja a los barrancos de Gebas y, a juicio de muchos habitantes de esta zona, merecería ser objeto de protección, como lo son los anteriores.
Su contrapunto, lo marca la existencia de la huerta, gracias a la presencia de un gran colector: el río Chicamo, que drena las tierras de Abanilla. Hortalizas y frutales se alternan con un elemento típico que ha dado identidad y llenado de colorido esta zona del municipio: la palmera datilera Phoenix dactylifera. Fue introducida por los fenicios y muy cultivada posteriormente por los árabes, debido a la riqueza de su fruto. Más tarde, surgió la figura del "palmerero", como experto en el cuidado y explotación de este árbol.

EL PALMERAL DE ABANILLA

La palmera Phoenix datilífera forma parte integrante de los paisajes españoles más bellos, y Abanilla, municipio del noroeste murciano de unos 7.000 habitantes y apenas 230 km2 de extensión, alberga entre sus riquezas naturales uno de los mayores palmerales del sur peninsular.
La palmera datilera procede, al parecer, de Arabia, según se cuenta "hacia el año 756 dC, el califa Abderramán I, plantó con sus propias manos una palmera datilera en el jardín de su palacio cordobés como homenaje a su añorada Arabia". Según la leyenda todas las palmeras españolas procederían de este árbol plantado. Pero lo cierto es que no se tiene conocimiento certero del momento de su introducción en Abanilla, aunque ya en las Ordenanzas de 1422 se cita la palmera datilera como cultivo de la zona.
Su masiva presencia en Abanilla, está potenciada por el clima árido de esta zona murciana en la que la temperatura media anual ronda los 20 grados y durante 80 días al año, la temperatura es superior a 30º.
En la zona, el palmeral se localiza principalmente en una franja constituida por la Vega del Río Chícamo, así como en las zonas de cultivo. Las zonas con mayor densidad son las de "La Huerta", franja del Chícamo entre la pedanía de Mahoya y la carretera Abanilla-Fortuna, la zona de "El Salado", un amplio palmeral formado por individuos distanciados entre si y por agrupaciones de palmeras no muy densas, o la zona del "Río Don Pedro", paraje también de las márgenes del Río Chícamo. Otras zonas en la que se puede observar un buen palmeral son los márgenes del arroyo El Zurka, pedanías de Macisvenda y el Tollé.
Los trabajos tradicionales en la palmera, la poda, recogida del dátil o preparación de la palma, aún pueden observarse en Abanilla. La poda se realiza principalmente en el mes de julio efectuándose al mismo tiempo el clareo de frutos y el apartamiento de racimos; el clareo de frutos es necesario para aumentar el tamaño del dátil, mejorar su calidad y asegurar una adecuada floración al año siguiente.
El apuntalamiento de los racimos consiste en atarlos a los raquis de una o dos hojas para disminuir los riesgos de fractura de la vaina floral, que si se rompe provoca el arrugamiento y pérdida del racimo.
En la actualidad, el arranque ilegal de palmera datilera, al ser considerada como especie protegida, está penalizado y su futuro en Abanilla pasa por una rentabilización adecuada de sus productos.


Abanilla fue eslabón fronterizo de la Reconquista entre los reinos de Aragón y Castilla, heredando así usos y costumbres de unos y otros, a lo que sí se le suma la influencia morisca a que fue sometida, unido al característico medio en el que se encuentra enclavada, se tiene que Abanilla es una villa de rasgos variados, junto con una gran riqueza de costumbres y tradiciones.
La evolución de la población mantuvo una trayectoria ascendente, aunque moderada. Desde principios del siglo XX hasta 1950, descendió algo y se recuperó en la década de los 60, pero a partir de los 70 sufrió como en otras zonas de la región, un fuerte retroceso debido a las migraciones de una población con dedicación agraria sin perspectivas de futuro en la zona.
Actualmente el término municipal cuenta con unos 6.000 habitantes, de los que el 50% se encuentran en el casco urbano, y el resto repartidos principalmente entre las pedanías de Barinas, Macisvenda, Mahoya, Cantón y Los Martínez.
La mejora en las comunicaciones de este municipio con la capital y con Orihuela, pueblo con el que tradicionalmente se han mantenido importantes flujos comerciales y laborales, han propiciado un despegue económico y en menor medida demográfico.
La actividad agraria continúa teniendo un papel destacado en la economía de Abanilla, pero es sobre todo la industria extractiva la que tiene mucha población empleada, ya que éste es el municipio de Murcia con mayor densidad de canteras, tanto de áridos como de derivados del mármol, como es la caliza marmórea.
Formando parte de su patrimonio cultural, han quedado como huellas de la actividad de sus gentes, los molinos de agua. Ya en el Catastro del Marqués de la Ensenada, se desprende que en Abanilla existían dos molinos: " En esta Villa y su término hay cinco molinos de aceite y dos harineros de agua...". Hasta la fecha se ha constatado la existencia de hasta seis molinos de cubo sobre la red hidrográfica del Chícamo y sus afluentes. Los más importantes son: el Molino del Chícamo, el Molino del Arco, Molino del Prado y el Molino de la Cal o de Santa Ana.
De la misma forma, otra importante infraestructura ha llegado hasta nuestros días: "La acequia mayor". Su origen se remonta a los romanos y lleva el agua del Chícamo desde La Umbría hasta Mahoya y Sahúes, para el riego de campos y huertas. Las bodegas y almazaras también están bien representadas en este municipio.
Formando parte de un patrimonio intangible, cuentan en su tradición con un personaje de leyenda, el bandolero Jaime Alfonso el Barbudo.
Si hacemos un recorrido por su gastronomía, tiene un papel importante la carne a la brasa, en especial la de cabrito, el arroz con conejo y caracoles, los embutidos caseros, las "gachasmigas" y las "tortilleras", típicos de los días de lluvia; hortalizas como las habas o las alcachofas (aquí "alcaciles"). En cuanto a postres, destacan los frutos de la huerta como los famosos albaricoques de damasco y la pereta (exclusivos de esta zona), dátiles, "granás", higos ... y la repostería tradicional: buñuelos, almojábanas, monas, madalenas, rollos de naranja o anís y almendrados y mantecados, típicos de Navidad. Todo ello regado por el magnífico vino del país, sin olvidarnos de la gran calidad del aceite prensado a la antigua usanza en las almazaras tradicionales que salpican el término.
En cuanto a su riqueza natural, añadidas a su peculiar paisaje, del que podemos disfrutar también en otros municipios de la región, se encuentra su flora y su fauna, muy determinadas como era de esperar por las condiciones ambientales en las que se desarrollan.
El único curso de agua constante en el municipio es el río Chícamo, el resto son ramblas que esporádicamente conducen agua en su superficie, pero que mantienen siempre un nivel elevado de la capa freática. Debemos citar que junto a la Sierra de Abanilla está declarado como lugar de Importancia Comunitaria L.I.C.
En el nacimiento del Chícamo se puede citar la presencia de olmos Ulmus minor, y más adelante destacan por su abundancia el carrizo Phragmites austalis, la caña Arundo donax, los juncos Juncus acutus, etc.
En las ramblas o ríos intermitentes, la vegetación viene dominada por el taray y la adelfa. Son varias las especies de taray Tamarix sp. en la región, hallándose estrictamente protegida T. boveana. Se trata de plantas bien adaptadas a suelos salinos y aunque generalmente son arbustivas, algunas adquieren porte arbóreo.
La adelfa Nerium oleander es una planta muy bien adaptada a la sequía, utilizada en jardinería y muy tóxica.
El paisaje más frecuente en el municipio viene constituido por lomas soleadas y desprovistas de árboles. La vegetación que reina aquí, está adaptada a condiciones de prolongadas sequías y elevadas temperaturas, se trata de matorrales y espartales.
En suelos margosos y arcillosos predomina el esparto Stipa tenacissima, en ocasiones como vestigio de plantaciones que fueron realizadas cuando constituía una materia prima de gran importancia para la fabricación de calzado, tejidos, cestos, serones, etc. Una planta similar, sustitutiva del esparto, es el albardín Lygeum spartum, diferenciándose de ésta por la presencia de pelos sedosos en sus espiguillas, que aparecen además protegidas por una vaina a modo de espata.
Otras plantas presentes son la bolaga Thymelaea hirsuta, de carácter tóxico; las conocidas comúnmente como jaras, entre las que destaca la estepa Cistus albidus; la esparraguera Asparagus horridus, cuyos tallos tiernos constituyen un popular alimento; el palmito Chamaerops humilis, única palmera autóctona europea; etc.
Toda esta flora junto con los suelos sobre los que se asientan dan lugar al más característico paisaje de Abanilla, perceptible por el excursionista, preferentemente, por las pedanías bajas del municipio.
La mayoría de las zonas arboladas son fruto de la repoblación, basada en una sola especie, el pino carrasco Pinus halepensis. Pueden encontrarse algunos ejemplares autóctonos que han alcanzado un porte considerable, como ocurre en Balonga.
Entre las especies asociadas al sotobosque podemos citar varios arbustos de porte notable, aunque algunas de estas especies pueden encontrarse en zonas de matorral, como es el caso del lentisco.
Entre las gimnospermas se encuentran, además del pino carrasco, el enebro Juniperus oxicedrus; y la sabina común Juniperus phoenicea, que generalmente crece en fisuras rocosas; ambas son especies protegidas.
La única especie representada del género Quercus es la coscoja Quercus coccifera, cuyas bellotas, bastante amargas, han sido empleadas para alimento de ganado.
Todas estas especies arbustivas dan lugar a un paisaje bien diferente al que caracteriza al resto del municipio. El excursionista puede contemplar esta flora en las sierras y montes de las pedanías altas de Abanilla (Sierra de Barinas, Balonga, Quibas y el Cantón).
En cuanto a la fauna un análisis detallado sería demasiado extenso, por lo que se citará, sólamente, algunas de las especies más fáciles de observar por el visitante.
Entre los anfibios debe citarse la rana común Rana perezi, habitual en charcas. De los reptiles hay que señalar el galápago leproso Mauremys caspica y las culebras de agua Natrix sp., abundantes en ramblas y en el Chícamo; también el lagarto ocelado Lacerta lepida; y diferentes especies de lagartijas.

Las aves resultan más accesibles al viajero. Entre ellas debemos destacar, como especies cinegéticas, la abundantísima perdiz roja Alectoris rufa, la paloma torcaz Columba palumbus y la tórtola común Streptopelia turtur. Otras aves comunes son el abejaruco Merops apiasters, de llamativos colores; la abubilla Upupa epops; el carbonero común Parus major; etc.
Entre las rapaces es frecuente el mochuelo común Athene noctua; el búho real Bubo bubo, el cual anida en acantilados; el águila perdicera Hieraetus fasciatus; el águila calzada H. Pennatus; el águila real Aquila chrysaetos; el azor Accipiter gentilis, el cernícalo real Falco tinnunculus; etc.
Entre los mamíferos destacan por su abundancia el conejo Oryctolagus cuniculus y la liebre Lepus granatiensis. También están presentes el jabalí Sus scrofa, y el zorro Vulpes vulpes. No debemos de olvidar que se ha constatado la existencia de varios ejemplares de ardillas Sciurus vulgaris, en el manantial de los Atienza (Balonga).
Abanilla, como hemos comenzado a descubrir, es un municipio cercano, lleno de vida y perspectivas que merecen la pena disfrutar.


GASTRONOMÍA DE ABANILLA

De paso obligado para quien busque disfrutar de los platos típicos de la Región de Murcia, es la población de Abanilla. Allí podemos disfrutar de una excelente y variada cocina, destacando la carne a la brasa, los arroces, el gazpacho con conejo, las tortilleras y las gachas migas como platos que no podemos dejar de degustar cuando visitemos la zona.

Eduarda y Mª Sol, en el restaurante que regenta su familia desde hace ya muchas generaciones, nos van a deleitar con uno de estos exquisitos platos, las "Tortilleras". Nada mas entrar, una cantidad de aromas embriagan nuestros sentidos, invitándonos a la degustación de los manjares que se están preparando. Se trata de una cocina tradicional en la que se emplea el fuego de leña, algo que sin duda realza el sabor de todos los alimentos preparados allí.

Comenzamos por sofreír las ñoras en aceite de oliva, junto con unos ajos. En cuanto estén bien dorados lo retiramos todo. A continuación añadimos agua y harina que mezclaremos bien en la misma sartén. Cuando empiece a compactar vertemos el aceite previamente frito con las ñoras y los ajos, removiendo con una espátula o rasera la masa a fuego lento para que no se cuajen. Es muy importante no utilizar nunca agua del grifo que pueda contener cloro o demasiada cal, Eduarda y Mª Sol emplean sólo agua procedente de un pozo o aljibe, es decir agua de lluvia.

Seguimos removiendo la masa hasta que coja cuerpo. Veremos como va adquiriendo un tono dorado. Es el momento de retirarlo del fuego ya que la preparación está casi terminada y aunque el final de la cocción dependerá del gusto de cada uno, es conveniente que no se pase de tiempo y se haga demasiado.

Estas "Tortilleras" se pueden servir con infinidad de alimentos, pero a nuestras anfitrionas les gusta acompañarlas de unas buenas morcillas, trozos de panceta, longaniza... riquísimos embutidos, hechos también por ellas mismas y como no, cocinados a las brasas de sus fogones.

Nada mejor para acompañar este plato que un buen chato de vino tinto, de la región, por supuesto. En el cercano valle de Ricote se elaboran unos vinos que harán las delicias de esta mesa.

Ingredientes:
• 1 Kg. de Harina
• 1 /2 L. de Aceite de oliva
• Ajos y Ajos tiernos
• 2 Ñoras
• Morcillas
• Longaniza
• Panceta
• Pimientos, cebollas y guindillas en vinagre
• Aceitunas negras
Dificultad: media
Duración: 60 min.

Receta proporcionada por:
Restaurante "El Peque"Mahoya

Fuente de la Calle Mayor de Abanilla
Rambla del Chícamo
Vista de Abanilla desde el Cristo
Las 'tortilleras' son un plato típico de Abanilla