Número 3 | Cuarto trimestre 2004

Visitando. La huerta de Murcia, un invento milenario

Hace más de mil años, los árabes decidieron aprovechar la riqueza de los suelos de Murcia y, haciéndolos de regadío, crearon la Huerta. Nada habría sido posible en este municipio, en el que se funden veredas, ramblas y montes, sin el río Segura.

El municipio de Murcia está situado en la parte meridional de la Región de su mismo nombre, de la que es capital. Con una extensión aproximada de 881,860 km2, el término municipal se encuentra dividido, de Este a Oeste, en dos partes por algunas sierras, como son: Carrascoy, El Puerto, Villares, Columbares, Altaona y Escalona; lo que ha permitido hablar de dos zonas claramente definidas por su paisaje: el llamado "Campo de Murcia" y "la Huerta".
El territorio está organizado en 54 pedanías y 28 barrios, que conforman el casco urbano de la capital, llamada por don Miguel de Unamuno "la Ciudad más huertana de España", y que ocupa 12,86 km2 del total del término municipal.
La "Huerta de Murcia" se extiende a lo largo de la llanura por donde discurre el río Segura y su afluente, el Guadalentín, comúnmente llamado, a su paso por Murcia, "El Reguerón"; cuyas aguas, tantos beneficios y desventuras han ofrecido en el discurrir del tiempo a las gentes de esta tierra. A lo largo y ancho de esta llanura fluvial, a la que flanquea un relieve miopliocénico de calizas y conglomerados, en el que emergen los cabezos permotriásicos de Espinardo, Torres, Monteagudo, Esparragal y las Peñicas, se distribuyen el resto de pedanías y el casco urbano de la capital.
Murcia es una ciudad fundada en el año 831 por Abd-Al-Rahman II en un enclave privilegiado, en el centro del Valle del río Segura. Gracias a su favorable situación geográfica, en un rico valle no lejos del mar, la agricultura y la artesanía se desarrollaron rápidamente.
De la importancia que alcanzó en la época árabe, da buena idea la muralla que la circundaba, algunos de cuyos restos aún son visibles en diferentes lugares de la ciudad. Tenía 95 torres y, quizás, 15 metros de altura. Una importancia que queda, también de manifiesto, en los numerosos hallazgos arqueológicos, como los de tipo palacial, realizados en el Convento de las Claras. De esta época ha sobrevivido la distribución por barrios de la Medina Islámica y parte de la toponimia del callejero: calle de la Acequia, de los Álamos, Zoco, Aladreros, Albudeiteros, Alfareros, Almohájar, del Almudí, Azucaque, Caravija o Almenara, espacio donde se encendían grandes hogueras para advertir del peligro inmediato.
La ciudad no hizo sino incrementar su importancia tras su reconquista por el rey Alfonso X (1266), cuando se fundó en ella la Universidad y se convirtió en sede episcopal.
Fue en el siglo XVIII cuando alcanzó su apogeo: la nacionalización de la explotación de la Huerta y el desarrollo de la industria de la seda enriquecieron la ciudad, que se dotó de un conjunto de monumentos religiosos y civiles de gran unidad de estilo. De hecho, podría afirmarse que Murcia es la capital del Barroco Español.

La Huerta y el Río

Murcia no se entiende sin su Huerta. Extendida por toda la Vega Media del Segura, ocupa la llanura en declive entre dos cadenas montañosas paralelas, por las que discurre el río Segura en su marcha hacia el mar. Este río, que históricamente, ha vertebrado el territorio, la economía y la cultura de la Región de Murcia, a lo largo de su curso ha ido creando vegas muy fértiles aprovechadas desde siglos por sus pobladores. Hace unos 1.100 años, los árabes decidieron aprovechar la enorme riqueza de estos suelos, haciéndolos de regadío y creando, con ello, la Huerta. Para ello concibieron un sistema de riegos completo y transformaron en regadío estas fértiles tierras de la llanura. La Contraparada, de origen romano y perfeccionada por los árabes, es el punto de partida de un sabio aprovechamiento de las aguas, que hace que éstas se introduzcan en la Vega para que, mediante multitud de acequias que se ramifican, puedan llegar hasta puntos muy distantes de ambas márgenes del río, propiciando desde hace siglos el cultivo de frutales, cítricos y hortalizas. Las llamadas "aguas vivas", procedentes del río, se partieron con un azud o dique de contención (llamado Contraparada desde el siglo XVIII).
Desde entonces, la Huerta y el río Segura son los principales referentes que caracterizan el paisaje, la historia y la cultura de nuestro municipio, una extensa matriz vegetal alimentada por las aguas del Segura.

La fauna y flora huertana

La gran variedad, tanto de cultivos como de jardines, ofrece un bonito colorido sobre verdes resplandecientes, en la que se refugia una amplia fauna.
Las zonas mejor conservadas albergan una vegetación y fauna singular asociada a estos ambientes. Entre ellas, destaca el paraje de la Contraparada, lugar en el que se ubicó la presa árabe que favoreció la distribución del agua del río Segura, y la ampliación progresiva de la Huerta.
Muchos son los animales que se han habituado a convivir con los humanos. Aves, insectos anfibios, reptiles y mamíferos tienen, todos ellos, representantes en la Huerta. Los huertanos han ido denominando a sus vecinos, los otros moradores de la Huerta, con nombres particulares de su zona. Así, todavía se oyen palabras como "tordas" para identificar a los mirlos comunes, ave emblemática quizás de la Huerta, o "cardeneras" para los jilgueros.
Las palmeras datileras son un elemento característico del paisaje de la Huerta de Murcia, y se distribuyen aleatoriamente, salpicando las zonas de cultivos.
El Castillo de Monteagudo y su entorno constituyen una buena representación del paisaje tradicional huertano, además de ser un área de gran interés arqueológico e histórico. Desde el Santuario de la Fuensanta, la fértil Huerta ofrece, en todas las tonalidades de verde, una vista incomparable y de extraordinaria belleza. Sin embargo, también merece la pena ver la Huerta desde dentro y contemplar el espectáculo para los sentidos que ofrecen los frutales y las flores.
Como elementos destacables de vegetación, es importante citar el Pinar de Churra, que alberga un conjunto de ejemplares monumentales de pinos piñoneros.

El río Segura

La auténtica vida de Murcia y de su Huerta la proporciona el río Segura. Su paso por Murcia representa la madurez de un trayecto que, no obstante, no llega a los tres kilómetros, desde el Golgo hasta la curva de la Azacaya, que viene a ser la parte de río que discurre por la zona urbana de la capital. El Golgo es un recodo que era visitado con cierta frecuencia por los muchachos y jóvenes de los años veinte a los cuarenta. Se halla a la espalda del Colegio de Maristas del Malecón, y era utilizado antiguamente a modo de playa.
En el centro de Murcia, el río se quedaba encerrado entre los muros de contención, construidos por el ingeniero militar Feringán. A una orilla los Molinos (hoy museo) y a otra la Glorieta, el Ayuntamiento y el Palacio Episcopal.
Encauzado desde hace años, debido a los graves peligros de inundaciones para la ciudad, el Segura en nuestra capital atesora una singular fauna, principalmente aves, como pollas de agua, ánades reales, mosquiteros y carriceros; también insectos como libélulas y caballitos del diablo.
A la salida y a la entrada de nuestra capital, el río no sufre la fuerte presión humana, y enriquece sus valores naturales tanto en la fauna como en la flora. Los carrizos y las choperas son frecuentes, haciendo afortunado el paso del río que moja sus orillas.

La importancia de las ramblas de Murcia

La diversidad de ramblas de Murcia viene marcada por las heterogéneas características de las rocas que conforman su subsuelo. Esto engloba cuatro sectores diferentes, que encierran cuencas hidrológicas con distintos sistemas, según el caso. De esta manera, encontramos diversos ambientes con un mismo nombre de ramblas, en concreto cuatro ambientes que podemos denominar como: efímeras, saladas, dulceacuícolas y salobres.
Ocho son las ramblas que están vinculadas al término municipal de Murcia: las Ramblas del Valle, Garruchal, Sangonera, Los Jubilados, Los Serranos, del Puerto de la Cadena, Salada y Barranco del Sordo.
La estrecha interrelación entre el medio acuático y el terrestre da paso a interesantes comunidades biológicas, que aprovechan las oportunidades que les brinda este ambiente tan particular.
La flora de estos lugares varía en función del tipo de suelo y de la estacionalidad de sus aguas, pero todas ellas poseen, frecuentemente, carrizos, juncos, tarais, alcaparras, limonios y baladres.
En cuanto a la fauna, ésta viene representada por animales ligados a los ambientes acuáticos, influidos por la presencia cercana a núcleos urbanos; numerosos insectos acuáticos, roedores y depredadores de éstos, como lechuzas, cernícalos y zorros.

Las Vías Pecuarias en el Municipio de Murcia

Las vías pecuarias son rutas o itinerarios por donde discurre o ha venido discurriendo tradicionalmente el tránsito ganadero. Se trazaron sus recorridos aprovechando el paso por zonas donde hubiera buenos pastos o bosques, abrevaderos, descansaderos, refugios o pueblos. Murcia se ha caracterizado siempre por ser zona de invernada de los rebaños de otras provincias.
Con 221,5 kilómetros de recorrido, un total de 19 vías pecuarias forman un complejo entramado por todo el municipio de Murcia. Su estado actual no es muy bueno, debido al decrecimiento de la actividad ganadera trashumante y del desarrollo de otras actividades socioeconómicas, que han ocupado el territorio. La Cañada Real Conquense Murciana penetra en la Región por el Altiplano y, tras pasar la Rambla de Belén, ya en el término municipal de Murcia, ascendían hacia el Puerto de la Cadena. Allí optaban entre dos rutas: el Campo de Cartagena, a través del Cordel de Fuente Álamo, o la provincia de Alicante, por la Cañada Real de Torreagüera. Precisamente, en los alrededores del Puerto de la Cadena, era donde se celebraba la mayor parte de las mestas, asambleas de pastores con sus ganados, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII. Del municipio de Murcia partía la otra gran vía pecuaria, la Vereda de Belén o de Barqueros, muy utilizada para trasladar los ganados desde Murcia hasta las Sierras de Segura y Cazorla. Durante un periodo de diez a quince días, los ganaderos y sus reses recorrían los términos de Murcia, Mula, Pliego, Bullas, Cehegín y Caravaca.

Un Parque Regional al alcance de la mano

Al sur de la ciudad nos encontramos con el Parque Regional de Carrascoy y El Valle. Tiene una extensión de 16 724 hectáreas aproximada mente, y su altura máxima es el monte El Relojero, con 609 metros. Su situación tan cercana a la ciudad de Murcia hace que sea considerado por todos los murcianos casi como un parque periurbano, donde los visitantes pueden entrar en contacto con la naturaleza.


Murcia y su Huerta desde el Parque Regional Carrascoy y El Valle
Los mirlos comunes
En la misma capital existe un reducto de huerta en las inmediaciones del colegio Maristas
Río Segura a su paso por la Albatalía
Rueda de La Ñora
Barraca huertana
Rambla del Puerto de la Cadena