Número 16 | Primer trimestre 2008

Paisajes modelados por el agua. Badlands

Existen muchas zonas de la geografía murciana cuya riqueza pasa inadvertida o es menospreciada. Este es el caso de los 'badlands', zonas que conforman la identidad paisajística de la Región de Murcia, al igual que las masas boscosas del noroeste, y cuyo importante valor es perceptible por quien respeta y conoce la naturaleza.

'Badlands' es un término anglosajón que se traduce como 'tierras malas', aunque también se habla de paisaje lunar, en referencia a aquellos terrenos donde la reducida vegetación y el importante lavado han contribuido a la formación de profundas cárcavas. Afecta a las pendientes de rocas blandas (arcillas, margas, yesos) en un clima subdesértico, dando como resultado un paisaje muy peculiar. Los badlands adquieren gran desarrollo en determinadas áreas de la vertiente mediterránea española y, especialmente, en el sureste peninsular, como en Almería (área de Tabernas y Cuenca de Vera) y en la Región de Murcia en las cuencas neógeno-cuaternarias de Mula, Abanilla-Fortuna, Cieza, ramblas de Librilla, Algeciras, El Garruchal, etc., y en sectores drenados por algunas ramblas tributarias de los ríos Guadalentín y Segura, donde el carácter deleznable de su litología, la rápida concentración de la escorrentía superficial cuando sobrevienen las lluvias torrenciales y la adopción de usos del suelo inapropiados favorecen este tipo de erosión.
El abarrancamiento tiene en la Región de Murcia un gran protagonismo. Así encontramos terrenos abarrancados en la rambla de Albudeite, la rambla del Tollo, rambla del Cárcava, rambla de la Pinilla o sierra de Barinas-Alto de los Castillejos, donde el carácter inconsistente y la poca consolidación de las arcillas y las margas hacen que el badland adquiera una gran espectacularidad, dando lugar a entalladuras muy ramificadas y profundas con interfluvios en forma de cresta. Uno de los grandes valores de la Región de Murcia reside en su diversidad de ambientes y ecosistemas, que configuran un mosaico paisajístico de incalculable riqueza, tanto geológica como biológica. Este mosaico debe parte de su belleza a este, en ocasiones, menospreciado tipo de terreno que tiene un papel clave en la composición e identidad paisajística de la Región. Quizás el badland más representativo de esta tierra sea el que conforma el espectacular paraje de los Barrancos de Gebas, que se encuentra entre del Parque Regional de Sierra Espuña, la Sierra de la Muela y la Sierra del Cura. Esta vasta extensión de margas miocénicas con yesos intercalados (declarado Espacio Protegido), cuyo modelado ha dado lugar a un paisaje de cárcavas y barrancos con escasa cobertura vegetal, contrasta de manera muy llamativa con la masa boscosa del Parque Regional de Sierra Espuña, haciendo de este espacio uno de los más interesantes de la Región de Murcia.
Por los Barrancos de Gebas cruza la Rambla de Algeciras, formada por un lecho de materiales blandos que vierte sus aguas en el embalse del mismo nombre, ubicado en el propio Espacio Protegido. Los badlands de esta rambla suscitan el interés de naturalistas, científicos y un amplio abanico de amigos de la naturaleza que encuentran en este espacio tan árido y solitario una belleza propia digna de no ser alterada, aunque se aconseja revegetar la zona con matorral autóctono para amortiguar los procesos erosivos y evitar la rápida colmatación del embalse por sedimentos.
Los yacimientos de fósiles marinos encontrados en la zona evidencian que, tras la retirada del mar, aquellos fondos blandos, sometidos a lluvias torrenciales, se convirtieron en tierras malas o badlands, a las que la voz popular identifica como paisajes lunares. Destacan las comunidades incluidas en los tipos de hábitats prioritarios de interés comunitario, caso de las estepas yesosas (Gypsophiletalia) y las formaciones subestépicas de gramíneas y anuales (Thero-Brachypodietea). Las especies vegetales más comunes de este paraje son la escobilla (Salsola genistoides), albardín (Lygeum spartum), romero (Rosmarinus officinalis), esparto (Stipa tenacissima) y la tapenera (Capparis spinosa). La fauna característica de este lugar es el abejaruco (Merops apiaster), la carraca (Coracias garrulus), la grajilla (Corvus monedula), la curruca rabilarga (Sylvia undata), el mochuelo (Athene noctua) y algunos roedores y reptiles.
Repartidos por distintos lugares de la geografía regional se encuentran badlands de menor extensión pero, igualmente, de alto interés geomorfológico y didáctico. Así nos encontramos con el conocido 'Paisaje Lunar', en el Parque Regional de Carrascoy y El Valle. En él predominan las areniscas y las margas, materiales blandos que el agua moldea de forma caprichosa, originando el paisaje abarrancado y acarcavado típico de los badlands. En las zonas soleadas del Paisaje Lunar habitan la perdiz (Alectoris rufa), el abejaruco (Merops apiaster) y la cogujada (Galerida cristata).
Dada la naturaleza del sustrato de los badlands de la Región (con predominio de margas miocénicas y del Trias), las aguas precipitadas forman ramblas en estos materiales y arrastran un elevado contenido en sales. El grado de salinidad y la granulometría de los sedimentos que transportan son los principales factores que determinan la composición de las comunidades animales y vegetales de la rambla. Generalmente, estas ramblas tienen humedales y cauces asociados en los que vierten las aguas. Un ejemplo de ello lo constituye el Humedal de Ajauque y Rambla Salada, asentado sobre materiales sedimentarios blandos que favorecen la presencia de fenómenos de erosión muy peculiares en algunos casos, con paisajes geomorfológicos de gran valor natural como los 'pipings' (paisaje acarcavado en margas con galerías y característicos desplomes). La presencia vegetal de este humedal (criptohumedal, por presentar la lámina de agua por debajo de la superficie) está dominada por comunidades halonitrófilas, lo que se traduce en una singularidad paisajística de notable interés ecológico.
El sustrato margoso es el más abundante y característico de la Región, encontrándose ampliamente distribuido incluso en las inmediaciones del litoral y en los que predomina el matorral xerófilo.


Carraca (Coracias garrulus)

Descripción: Cabe destacar el color azul turquesa de sus alas y cabeza, siendo su zona dorsal de color marrón. Su pico es largo y de color negro, sus patas de color anaranjado y su cola es larga y cuadrada. Sin duda alguna el color de este pájaro es lo más llamativo, dado que no hay otra especie que se le parezca.
Hábitat: Secanos, dehesas y espartales. Al depender de grandes insectos que localizan desde posaderos, habitan sólo regiones de veranos cálidos, anidando en agujeros de árboles, taludes o edificios. Inverna en zonas etiópicas de sabana.
Costumbres: Nidifica en agujeros de árboles, en construcciones humanas y en taludes arenosos. Las puestas comienzan a finales de abril y ponen de 4 a 5 huevos. Tras el nacimiento de los pollos, éstos abandonan el nido a los 20-24 días.
Curiosidades: En invierno se asocian con otras especies de carracas y con halcones para cazar insectos.


Tapenera (Capparis spinosa)

Descripción: Arbusto zarzoso. Hojas espinosas, aunque las espinas no son persistentes, redondeadas. Flores vistosas y grandes, blancas o rosadas, con larguísimos estambres con filamentos violetas. Yemas y frutos comestibles (alcaparras y alcaparrones). Estos últimos son verdes, con carne rosa y muchas semillas.
Hábitat: En el medio natural se encuentra en taludes sobre suelos margosos en climas secos. Sobre murallas, torres y acantilados marinos.
Características forestales: Esta planta posee una serie de propiedades interesantes que la hacen idónea para su uso forestal:
  • Gran resistencia a épocas secas.
  • Crecimiento sobre sustratos sueltos e inestables, fijándolos.
  • Alimento para la fauna gracias al fruto.
  • Planta rastrera y trepadora, proporcionando buena cobertura al suelo, protegiéndolo de la erosión hídrica y eólica.
  • Posibilidad de regeneración natural mediante semillas.
Los badlands son paisajes muy singulares
Carraca
Tapenera