Número 6 | Tercer trimestre 2005

Visitando. La Comarca del Noroeste

La Comarca del Noroeste está a caballo entre la Murcia huertana y la montañosa desde el punto de visto climático y topográfico, de ahí la peculiaridad de sus espacios naturales. Se diferencia del resto de la Región por sus paisajes forestales y por la abundancia relativa de agua, además de por sus peculiaridades históricas y culturales.

Moratalla

Los primeros habitantes de Moratalla datan de hace más de 10.000 años y dejaron muestras de su arte en numerosos yacimientos con pinturas rupestres como los de Cañaica del Calar, Fuente del Sabuco, El Molino o La Risca. El término de Moratalla posee más del cincuenta por ciento de las pinturas rupestres de la Región de Murcia, declaradas todas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1998.
Del Neolítico encontramos dólmenes como los de Bagil, y al período Ibérico podría pertenecer Villaricos, yacimiento cercano a la pedanía del Calar de la Santa, así como las acrópolis de Moratalla la Vieja o Villafuerte y los yacimientos de Los Castillicos o Molinicos.
De la romanización encontramos, sobre todo, villas rústicas como las de Ulea, Los Granadicos, Andrevía, Víllora, etc. Así mismo, los romanos explotaron las salinas de El Zacatín y las minas de azufre de Salmerón. Islámicos son los castillos de Moratalla, Benízar o Priego. Tras la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212, el poderío de Al-Andalus comienza a decaer.
Es en 1243 cuando en la Carta de Confirmación firmada por el Infante Don Alfonso, futuro Alfonso X, aparecen ya los nombres de Moratalla, Priego y Benízar como aldeas mudéjares. El castillo es construido en el siglo IX y es reconstruido en el siglo XV por la Orden de Santiago, predominando la Torre del Homenaje de estilo gótico militar levantino. En su interior se aprecia el patio que mantiene el empedrado original y las cinco torres que completan el recinto. La iglesia de Santa María de la Asunción se construye sobre una edificación existente ya en 1468, aumentando sus dimensiones. En su interior podemos apreciar que la cubierta traslada su peso a través de tres arcos y la ventana de la sacristía, perteneciente al estilo gótico flamígero.
La ermita de Santa Ana se construye en 1614, aunque es más tarde, en el s. XVIII, cuando se realiza la bóveda del coro, el órgano (actualmente desaparecido), y la torre. Destacan el altar, la sede y el ambón así como los asientos para los fieles.
El convento de San Francisco fue anteriormente ermita de San Esteban, reconstruyéndose en el siglo siguiente por completo donde los franciscanos se instalan en 1574. Su portada es del barroco tardío con influencia colonial. Se conservan los pies del antiguo templo, su torre de cuatro cuerpos y el coro destinado hoy a sala de exposiciones.
La érmita de la Rogativa está situada en uno de los parajes más bonitos de Moratalla entre el Pico de Revolcadores y Peña Jarota. Cuenta la leyenda que en 1535 un joven lanzó una piedra a una paloma que volaba por sus sembrados. La paloma al caer al suelo se transformó en la Virgen, quien rogaría por todos los pecadores, de aquí su nombre "Ermita de la Rogativa".
El municipio de Moratalla es uno de los enclaves florísticamente más ricos del sureste español. La riqueza y diversidad en cuanto a flora y vegetación responde a dos razones principales: la primera se debe a que este territorio fue un importante refugio de gran número de especies en las últimas glaciaciones del Cuaternario, motivado por la peculiar orografía de la zona; la segunda, por ser área de transición ha recibido influencias de diversas provincias vecinas, lo que ha propiciado la aparición de especies emigradas por el oeste, similares a las de las sierras béticas. La vegetación actual de las zonas boscosas está constituida en su mayoría por pinares de pino blanco, negral y carrasco. Los sabinares de sabina albar (Juniperus thurifera) están presentes en El Sabinar y Calar de la Santa, quedando algunos ejemplares centenarios.

Caravaca de la Cruz

Ciudad situada en un enclave fronterizo entre Murcia y Granada, sus más remotos orígenes se encuentran en el Cerro del Castillo, donde se asentaron diversas culturas desde la prehistoria. La actual ciudad es el resultado de la unión de pequeños poblados primitivos de origen íbero asentados sobre los Cabezos de San Jorge, el Carmen, la Cruz, San Sebastián y el Cabecico.
Tras la invasión musulmana, formó parte de la Cora de Tudmir, gozando de los privilegios de aquel territorio, mientras se mantuvo como una isla cristiana en medio del territorio ocupado por los árabes; independencia que concluyó en el reinado de Abderramán II. En el s. XIII, coincidiendo con la reconquista de Murcia por el rey Fernando III el Santo, se enmarca la tradición histórica del milagro de la Aparición de la Cruz, que la historiografía local sitúa en 1232. Se incorpora a Castilla a partir de 1243, con motivo del Tratado de Alcaraz. Posesión de la orden militar de los Templarios, entre 1266 y 1310, fecha en la que fue disuelta la Orden por el papa Clemente V.
Entre 1310 y 1344 fue villa de realengo, pasando en esta última fecha a depender de la Orden de Santiago, mediante donación de Alfonso XI al gran maestre de la misma, Fadrique.
Según la leyenda, en 1232, el rey moro Abú Zeid se convirtió al cristianismo cuando contempló cómo dos ángeles bajaban del cielo una cruz para que un sacerdote preso en el castillo pudiera decir misa. Esta leyenda dio lugar a la construcción, a partir de 1617 y en el recinto de la propia fortaleza, del principal monumento de esta localidad, el Santuario de la Vera Cruz.
Posiblemente, sobre restos romanos está el castillo (s. XIII) y las murallas, que cobijan la antigua fortaleza y el Santuario de la Vera Cruz de fachada barroca de mármol rojo de Cehegín, aunque es de estilo herreriano (1617). En su interior tiene un Museo de Arte Sacro. El monasterio de San José fue fundado en 1578 por Santa Teresa como convento de clausura. En la plaza del Arco está el barroco edificio del Ayuntamiento que data del s. XVII. De 1534 es la iglesia del Salvador que tiene un retablo de José Sáez y rejería de 1606. También visitable es la iglesia de la Soledad, templo fortaleza del s. XVI y que hoy es el Museo Arqueológico. Pese a su reducido tamaño, un importantísimo monumento caravaqueño es el Templete de la Santa Cruz, el lugar donde se baña cada año la reliquia en la fecha del 3 de mayo, en plena celebración de las populares fiestas en honor de la Santísima y Vera Cruz, durante las cuales también tiene lugar el festejo de los Caballos del Vino.
En las cercanías de Caravaca, concretamente en la pedanía de La Encarnación, se encuentra un impresionante conjunto de yacimientos arqueológicos. Uno de ellos es la Cueva Negra del Estrecho del río Quípar donde se han encontrado restos de homínidos que podrían tener más de 400.000 años de antigüedad. Un poco más arriba, encontramos la ermita de La Encarnación, construida sobre un templo romano del que aún se puede apreciar la planta perfectamente, del s. II a.C., y que estaba construido a su vez sobre un santuario ibérico. Junto al templo se conserva la cantera romana de donde se sacaron los sillares para la construcción.
Entre los espacios naturales del municipio de Caravaca destacamos El Nevazo. Es una buena representación de los ecosistemas de alta montaña. La Peña Rubia es también un sistema de alta montaña con escarpes que llegan a alcanzar los 1.306 m.
La sierra del Gavilán enmarcada al norte, este y sur por la rambla de las Buitreras y el río Argos entre barrancos, peñascos, lomas y ramblas cubiertas de romeros, enebros, lentiscos y un denso pinar. Su área central culmina en el Pinar Negro (1.447 m).
Por último, la sierra de Mojantes es un auténtico vergel de encinas, pinos, sabinas y arces, poblada de una fauna riquísima entre la que destaca el buitre leonado, el halcón peregrino, el búho, la lechuza y la cabra hispánica.

Cehegín

De la importancia de la antigüedad de esta villa hablan los restos en el Cabezo Roenas de la ciudad de Begastri, romana y visigoda, sede obispal del siglo IV hasta la invasión musulmana. Todo su territorio es un continuado yacimiento de las distintas culturas que aquí se asentaron, cuyos primeros pobladores se remontan al 2.400 a.C.
Su casco medieval, conjunto histórico- artístico, se conforma a partir de los asentamientos árabes de la parte alta de la población. Son reseñables la iglesia de la Concepción, monumento histórico-artístico desde 1980, construida durante la primera mitad del s. XVI de estilo renacentista, con una cubierta mudéjar con bóveda de crucería octogonal de madera -una de las más importantes de la Región-. La iglesia de Santa María Magdalena, edificio carismático que dibuja la silueta de Cehegín, monumento nacional del s. XV atribuido al arquitecto Jerónimo Quijano; y el Casino de Cehegín, obra del s. XVII de estilo barroco que llegó a ser el principal centro cultural y de reunión de la villa en el s. XIX.
También cabe destacar la Casa de Jaspe, actual Casa Consistorial de la ciudad, el hospital de la Real Piedad, construido en el s. XVIII, la iglesia de la Soledad y la iglesia del Santo Cristo -edificio más antiguo de Cehegín-, ambas del s. XVI, la Casa del Duque de Ahumada, el Palacio Villar de Felices, la Casa de los Ruiz de Assín, el Palacio Álvarez Castellanos, la Casa de las Columnas, la Casa del Concejo y el Palacio de los Fajardo. Además de su indudable valor histórico- cultural, Cehegín es un lugar con un paisaje lleno de atractivos. La Vega, contemplada desde la plaza de la Constitución, el paraje de la Hoya
de Don Gil o el pantano de Argos, así como la propia villa enracimada sobre el cabezo, son motivo de admirada contemplación.
La superficie forestal representa más del 50% del término municipal de Cehegín. Diversas sierras como La Lavia, Burete, Quípar, La Muela, Los Cabezos de los Villares y Juan González y Peña Rubia constituyen una reserva natural de gran valor ecológico, paisajístico y cultural. Las poblaciones de rapaces son muy importantes en este conjunto de sierras, especialmente en Burete y La Lavia donde se alcanzan riquezas específicas de las más altas de la Región, siendo el área con mayor número de parejas de águila calzada. Destacan especies como el búho real, el azor, el halcón peregrino, el águila calzada y águila culebrera.
Cuenta con una buena representación de mamíferos terrestres como tejón, gato montés, gineta, turón, garduña, liebre, conejo y jabalí. Un carácter destacable, es el hecho de constituir el área donde tiene su límite de distribución natural el carrascal debido a la escasez de precipitaciones (350-400 mm), y por tanto, de interés científico para los estudios autoecológicos de esta especie. Son especialmente interesantes los parajes de La Pollera, barranco del Canalón, Coto Real y Cuchillos de la Lavia.

Bullas

Sobre una elevación de los campos del Cagitán está Bullas. Ha sido asentamiento humano desde el periodo eneolítico (2000 a.C.) Cabezo del Oro y argárico (1700 a.C.). También los romanos dejaron numerosos testimonios de su cultura en villas agropecuarias como Fuente Mula, Fuenblanquilla, La Loma y la más importante: Los Cantos.
Hasta la época musulmana no aparecen nuevos restos de asentamientos, que en la actualidad son dos: El Castellar, con ruinas de fortificación militar árabe del siglo XII (conocidas como El Castillico), y el propio casco urbano de Bullas, donde también debió de existir un pequeño núcleo de población musulmana. Su nombre aparece por primera vez en el s. XIII, cuando Alfonso X cede el castillo y la villa de Bullas a Mula. En 1689 logra la independencia de Cehegín y alcanza su identidad urbana. Desde este momento el municipio de Bullas disfruta de periodos de crecimiento y expansión. La historia de Bullas está ligada a la cultura de la vid, tanto en la población como en sus alrededores donde se encuentran un gran número de antiguas bodegas, e incluso hallazgos arqueológicos, como la escultura romana del "Niño de las Uvas" hallada en la Villa de Los Cantos.
Las céntricas plazas de España, Vieja y del Castillo se convierten en el punto de partida de una visita por la localidad, donde encontramos la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Bien de Interés Cultural desde 1982, junto con el Palacio de los Melgares, para adentrarnos en estrechas y empinadas callejuelas tamizadas con fachadas de vivos colores.
Aparte de la riqueza monumental de la villa, encontramos también en sus alrededores las huellas de su historia, entre las que destacamos los restos de una fortificación árabe junto al río Mula, y gran cantidad de yacimientos arqueológicos, sobre todo de la cultura del Argar. Además, podemos disfrutar de paisajes naturales que destacan por su variedad, contrastando montes con llanos y áreas de ribera caracterizadas de forma única en el curso del río Mula, siendo protagonistas distintos rincones emblemáticos, como el Salto del Usero.
La vegetación natural se localiza en las montañas y lomas que rodean Bullas, en las ramblas, y en el propio río Mula. Esta presenta las características típicas mediterráneas, abundando los pinares de pino carrasco, cuyo sotobosque está formado por arbustos como la coscoja, el lentisco, el enebro, las jaras, y plantas aromáticas (tomillo, romero, etc.). La vegetación de ribera la encontramos en el río Mula y la rambla de la Regidora (Paraje del Carrascalejo) y está representada por pequeños bosques de saucedas y alamedas junto a una maraña de zarzales, rosales, majuelos, juncales y baladrales. El conjunto es un espacio natural de alto valor ecológico.

Mula

El municipio de Mula se localiza en el área de transición entre el llano y la montaña, lo que nos ofrece una gran diversidad paisajística, pasando del área subdesértica del este, hasta los bosques de las tierras más altas de sierra Espuña.
Podemos remontarnos al Paleolítico Medio para encontrar los más antiguos restos del poblamiento de Mula en la Cueva de Antón. Aunque también cuenta con restos neolíticos y argáricos, es en el periodo ibérico donde surge con importancia el Cigarralejo, compuesto
por poblado, necrópolis y santuario. Fue descubierto en los años cuarenta por Emeterio Cuadrado, y en sucesivas campañas se extrajeron cientos de materiales, reuniéndose la mejor colección de cerámica y armamento ibérico existente en el mundo, hoy expuesta en el Museo Monográfico del Cigarralejo de Mula.
De época romana se conocen varias villas diseminadas por los campos de la Alquibla, Cajitán etc, sin embargo los dos yacimientos más importantes son los de Villaricos y La Almagra. El primero, abarca desde la segunda mitad del s. I hasta el V d.C., siendo uno de los ejemplos más notables de villas conservados en la Región de Murcia.
Ya en época medieval, Mula como Madina tenía rango de ciudad y capital de distrito, con una formación social beneficiada de servicios administrativos básicos, mercado y mezquitas, con competencias jurídicas, políticas y militares.
En 1244, tras varios siglos de dominación musulmana, el infante Alfonso, futuro rey Sabio, asedia la plaza rindiéndola por el hambre. La ciudad de Mula cuenta con monumentos que certifican una riqueza, como el imponente castillo, una magnífica obra de sillería del s. XVI.
En su plaza Mayor destaca la iglesia de San Miguel, del s. XVI, mientras que en la parte alta, se alza la iglesia de Santo Domingo, de portada renacentista e interior barroco, así como el Real Monasterio de la Encarnación.
A unos 5 km de la población, se encuentran los famosos Baños de Mula, utilizados ya desde la época romana. Precisamente, de los Baños de Mula parte la Vía Verde del Noroeste, siguiendo la línea del ferrocarril que unía Murcia- Caravaca. Se trata de un itinerario senderista y cicloturístico que aprovecha las infraestructuras ferroviarias en desuso y que trascurre por el Valle de Mula. Atraviesa tierras de actividad sísmica y aguas termales, contemplando una variedad de paisajes, alternando las tierras áridas de las ramblas (badlands) con zonas montañosas de pinares y almendros.

Bullas posee una denominación de origen propia para sus excepcionales vinos
Subida al campanario de Mula
Carrasca centenaria
Entre la flora peculiar del Noroeste podemos encontrar a la peonía (Peonia officinalis)
Salto del Usero o del Lucero de Bullas
La comarca del Noroeste fue atravesada por un modesto ferrocarril que unía Murcia con Caravaca. Hoy abandonada, ha sido acondicionada como Vía Verde