Número 14 | Tercer trimestre 2007

Visitando. Humedal de Ajauque y Rambla Salada, un paisaje singular

La Unión Europea ha seleccionado este humedal como uno de los tipos de hábitats más singulares y representativos a escala comunitaria. Ajauque y Rambla Salada son una de las áreas piloto elegidas para estudiar la dinámica de los humedales mediterráneos. Programas europeos, como el Proyecto LIFE, contribuyen a conocer y proteger este frágil y amenazado ecosistema de la naturaleza murciana.

Los humedales constituyen anomalías paisajísticas y biogeográficas que, conforme se alejan de las regiones climáticas húmedas, como es el caso de la Región de Murcia, se tornan cada vez más singulares y valiosos.
Los humedales de las regiones áridas y semiáridas representan el destilado de una biodiversidad adaptada a rigurosas condiciones ambientales, modelada por usos y culturas ancestrales y sometidas en la actualidad a una intensa presión por el hombre, que compite por sus recursos y por el espacio físico que ocupan.
Dentro de los diferentes tipos, los criptohumedales son aquellos en los que la lámina de agua superficial no existe o presenta una extensión muy reducida y de carácter temporal, si bien el nivel freático siempre queda lo suficientemente próximo al suelo como para permitir el desarrollo de una comunidad de plantas freatófilas y la presencia de un sustrato saturado en agua y generalmente rico en sales. Es el caso del humedal del Ajauque y Rambla Salada.


Ubicación y características

El Paisaje Protegido del Humedal del Ajauque y Rambla Salada tiene una extensión de 1.632 hectáreas que pertenecen a los municipios de Fortuna, Abanilla, Santomera y Molina de Segura. Este humedal nace en los Baños de Fortuna, donde se le conoce como rambla de las Contiendas. Cuatro kilómetros aguas abajo confluye con la rambla que drena los llanos del Contiendo y la pequeña cuenca del Sanel, y unos 800 metros más abajo con la rambla del Baño, que procede del humedal de Derramadores y de la cañada de Miraflores.
Este complejo humedal asociado a ramblas constituye el sistema de cabecera de Ajauque. Aguas abajo del trasvase, la rambla de Ajauque contacta con la zona de descarga del humedal de Ajauque y, finalmente, confluye con Rambla Salada en el estrecho que da paso a las colas del embalse de Santomera.
De los 75 lugares de interés geológico que figuran en el libro ‘Patrimonio Geológico de la Región de Murcia’, tres de ellos se encuentran en el marco de este Paisaje Protegido. Destaca Cabecicos Negros, en Fortuna, cuyo interés de conservación se remonta al año 1917, cuando aparece en el Catálogo de la Ley de Parques Nacionales, y contiene el yacimiento más significativo de los cuatro existentes en la Región. Se trata de una roca volcánica que pertenece al grupo de las ultrapotásicas y se emplea en la construcción de carreteras.
Otro de los lugares de interés geológico son los baños termales de Fortuna, que aunque el agua se considera mineromedicinal, parte del regadío tradicional de Fortuna depende del caudal de ese nacimiento, y el cauce de Rambla Salada, el mejor registro fósil del Messiniense de toda la cordillera Bética. Esta época geológica está marcada por la crisis del Mediterráneo, hace 18’5 millones de años, cuando el Mare Nostrum se secó casi por completo dejando depósitos de sal y de yeso en la cuenca de Fortuna y Abanilla, entonces zonas litorales. Así lo prueba la existencia de algunos arrecifes coralinos fósiles, barrancos fluviales con restos fósiles de la vegetación original y numerosos fósiles marinos.
Bajo unas condiciones de sequía extrema, gran irregularidad interanual en las precipitaciones y ocasionales lluvias torrenciales, el humedal del Ajauque y Rambla Salada se asienta sobre materiales sedimentarios blandos que favorecen la presencia de fenómenos de erosión muy peculiares en algunos casos, con paisajes geomorfológicos de gran valor natural como los ‘pipings’, paisajes acarcavados en margas con galerías y característicos desplomes. Las temperaturas llegan a alcanzar los 45º C en verano y rara vez bajan de los 0º C en invierno.
Este Paisaje Protegido es considerado un tipo de humedal asociado a ramblas que presentan una compleja red de drenaje con tramos de aguas permanentes y temporales y una gran variabilidad en la salinidad del agua. La elevada presencia de sales en las aguas es debida a la naturaleza del sustrato, a las condiciones de aridez del clima y a la acción humana por la expansión de regadíos y el empleo de aguas de riego con cierta salinidad. La concentración de sal oscila entre los 0’5 g/l y los 40 g/l que se alcanzan en Rambla Salada, siendo esta última muy superior a la del mar.


Un lugar muy preciado por las aves


Más de 130 especies de aves frecuentan los distintos ambientes del Espacio Protegido. Cerca de 50 son acuáticas y constituyen la fauna más representativa de estas zonas húmedas. Unas son sedentarias y permanecen todo el año en la zona; otras aparecen durante el invierno o el verano (invernantes o estivales), o utilizan este espacio natural para descansar en sus pasos migratorios. Algunas incluso nidifican en el área.
Muchas de las aves acuáticas tienen especial importancia a escala internacional, nacional y regional al ser muy escasas, raras o estar en peligro de extinción, por lo que son objeto de especial protección.
El embalse de Santomera y zonas encharcadas de Rambla Salada y Ajauque acogen poblaciones de aves acuáticas que, como el ánade real y la garza real, permanecen todo el año. Otros son nidificantes habituales como el chorlitejo patinegro y la cigueñuela. Otras especies aparecen en los meses de otoño e invierno procedentes de zonas más frías, como el zapullín cuellinegro y el pato cuchara. También durante el invierno es habitual observar la tarabilla común, buitrón, petirrojo, etc.
En el carrizal nidifican pequeñas aves como los carriceros común y tordal, mientras que en el invierno son utilizados por el escribano palustre, mosquitero común y pechiazul.
El humedal del Ajauque es utilizado como dormidero por la garcilla bueyera, con concentraciones invernales que pueden superar las 1.000 aves. También es utilizado en invierno por cientos de estorninos y grajillas.
En los saladares nidifican aves esteparias como la cogujada común, alcaraván, curruca tomillera y el aguilucho cenizo y los pinares albergan aves como el carbonero común, mito y rapaces como el águila culebrera. Finalmente, en los taludes que se forman en las ramblas nidifican especies con hábitos trogloditas como la carraca y el abejaruco.
En este tipo de hábitats es común la presencia de anfibios como la rana común y el sapo corredor, reptiles como la lagartija colirroja y peces como la gambusia y la carpa. Además, hasta no hace mucho tiempo el fartet habitaba esta zona. Entre los mamíferos que más abundan encontramos la liebre, la musaraña y la comadreja.


La fuerza de la adaptación


La variación de los factores ambientales, sobre todo la concentración de sales y la dinámica de las aguas superficiales y subterráneas, genera diversas posibilidades para el desarrollo de la vegetación. Cada especie, según su afinidad o adaptación a las condiciones del medio, tiene preferencia por ocupar unas zonas u otras. Algunas de ellas son excelentes indicadoras de las peculiaridades ambientales del territorio.
Las especies con necesidades similares forman comunidades vegetales características, dando lugar a diferentes manchas de vegetación. Este mosaico vegetal es el soporte vital para una fauna rica y variada, aunque muchas veces difícil de observar.
El paisaje se caracteriza por la presencia de agua salina que fluye por un cauce con tramos de aguas permanentes y temporales. En los tramos de aguas permanentes, las condiciones de salinidad limitan en gran medida la presencia de vegetación acuática sumergida, representada por diversas algas y la planta superior Ruppia maritima.
Enraizadas en el agua, pero emergiendo (plantas helófitas) destacan por su abundancia y densidad de los carrizales; su distribución se asocia a zonas de descarga de aguas dulces subterráneas. Conforme las fluctuaciones de las aguas son mayores, las comunidades vegetales se entremezclan, siendo frecuente que junto a los carrizales aparezcan juncos.
En zonas encharcables y salinas aparecen diferentes especies de saladar, como el almarjo y sosa alacranera, que junto a los tarajes constituyen la vegetación más característica de los humedales asociados a ramblas. En las zonas más altas y alejadas de la lámina de agua se destaca la presencia de otras especies halófilas, propias de suelos salinos, como Anabasis hispanica y siemprevivas. En taludes y cultivos abandonados aparecen otras especies como albardín, Atriplex sp., sosa, bolaga, etc.


Las salinas y su funcionamiento


La ubicación de las salinas no responde al azar, coincide con la proximidad de una surgencia natural de aguas muy ricas en sales que, una vez represadas, eran conducidas a las instalaciones. La actividad salinera se inició al menos hace 150 años y se abandonó a principios de los años 40, pero la restauración de sus instalaciones en la actualidad nos permite visitarlas con fines educativos.
Los diferentes materiales empleados en su construcción demuestran que las salinas se fueron ampliando para aprovechar mejor este recurso. Unos antiguos hornos de yeso reflejan la existencia de estos materiales y su utilización en la construcción y reparación de las balsas.
El conjunto de balsas y charcas se reduce a dos tipos: las balsas almacenadoras y las charcas cristalizadoras. Las primeras están compuestas por una gran balsa original con capacidad de unos 2.200 m3, construida con relleno de piedra y argamasa con base de cal, y enlucido de cal hidráulica. Otras tres balsas alineadas de origen más reciente están construidas con sillares de arenisca de gran tamaño. La cabida de estas balsas es de 422 m3 cada una, volumen que, al estar compartimentado, aumentaba mejor la temperatura y grados de sal.
El otro tipo son las charcas cristalizadoras que estaban agrupadas en órdenes, que es la manera que tenían los obreros y maestros salineros de denominar a los conjuntos de charcas que se iban llenando de manera ordenada y escalonada en función de la disponibilidad de agua en las balsas.
El recinto salinero consta de un grupo de 18 órdenes que acogen 720 charcas de 12 m2 cada una y otro grupo de 7 órdenes que acogen 308 charcas de 16 m2. Los órdenes estaban separados por ‘sequeros’ que consisten en un área empedrada que servía para depositar la sal que se extraía húmeda de las charcas.
Durante el verano, la sal cristalizada estaba preparada para ser recogida. Hasta 14 trabajadores iban amontonando la sal fuera de las balsas, donde permanecía unos 8 días secándose al sol. Con un carro tirado por bestias se recogía y trasladaba al almacén principal que actualmente es utilizado como centro de interpretación e información a los visitantes.
Un aspecto que llama la atención es la forma y disposición del almacén respecto al recinto salinero. Ello no es ninguna singularidad, es muy común en otras salinas que el almacén sea un edificio muy robusto y seguro para evitar robos. La rampa de acceso lateral a la parte superior y la ubicación de un volcadero en esta parte está justificado para evitar el acceso de los animales de tiro al interior y evitar que se mezclara la suciedad con la sal allí almacenada.
Si que es una singularidad de estas salinas el material empleado en su construcción, ya que se emplearon sillares y bloques de arenisca cortada y tallada a mano en canteras adyacentes a la finca.


Problemática ambiental

El principal problema de los humedales en las zonas áridas y semiáridas del Sureste ibérico es su escasa entidad, dada la pequeña extensión que en general ocupan. Este hecho hace que sean escasamente reconocidos y poco o nada valorados, tanto por la administración como por la población en general. En un entorno árido, los humedales aparecen como pequeñas manchas verdes cuyo principal uso es el de servir de pasto para el ganado.
La alta salinidad del agua que impide su aprovechamiento es otro factor en contra, ya que parece incrementar la idea de lugares poco aprovechables e insalubres, por lo que terminan siendo desecados y roturados. Así, son frecuentes las quemas de la vegetación para crear pasto nuevo y fresco y el vertido de basuras y escombros.
Sin embargo, el incremento de la agricultura, fundamentalmente la de regadío, es quizá el principal factor que influye tanto en el estado de conservación del humedal, por afectar a la calidad de sus aguas y a la estructura y composición de su vegetación, como por alterar el normal funcionamiento de los mismos. Este último aspecto repercute en la capacidad del humedal para la retención de nutrientes, a su vez incrementados por las prácticas agrícolas.
Paradójicamente, es en las zonas más áridas del Sureste ibérico donde el desarrollo agrícola experimenta un mayor crecimiento, a expensas de recursos hídricos externos (trasvases), y llevando consigo un abuso de fertilizantes y pesticidas cuya consecuencia es la eutrofización de embalses y cursos de agua, destruyendo la vida de los alrededores.   


Normativa de protección

Paisaje Protegido por la Ley 4/92, de Ordenación y Protección del Territorio de la Región de Murcia.
Orden de 31 de agosto de 1998 por la que se aprueba inicialmente el PORN (BORM nº 209, de 10.09.98).
Se designa ZEPA en cumplimiento de la Directiva del Consejo de las comunidades europeas 79/409/CEE, de 2 de abril se 1979, en la Resolución de 11 de enero de 2000 (BORM nº 14 de 19.01.00) por la especie Cigüeñuela (Himantopus himantopus).
Orden de 12 de junio de 2003 de la Consejería de Agricultura, Agua y Medio Ambiente por la que se acuerda el reinicio del procedimiento de elaboración y aprobación del plan de ordenación de los recursos naturales de los Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor, Saladares del Guadalentín y Humedal del Ajauque y Rambla Salada. (BORM nº 148, de 30.06.03).
Orden de 4 de mayo de 2005, por la que se acuerda un período de información pública de los procedimientos que tramita la Dirección General del Medio Natural para la aprobación de los planes de ordenación de los recursos naturales del Humedal del Ajauque y Rambla Salada, de los Saladares del Guadalentín y de los Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor y Cabezo Gordo (BORM nº 129, de 07.06.05).

Estrategias para soportar la sal

Los saladares son como pequeños desiertos para la mayor parte de las plantas. La sal tiene un efecto tóxico y dificulta la captación de agua por las raíces, lo que limita el desarrollo de la vegetación. Algunas plantas, a través de millones de años de evolución, han logrado conquistar estos ambientes perfeccionando distintas estrategias adaptativas. La suculencia consiste en acumular agua salada y el exceso de sal en algunos tallos que terminan muriendo para que otros puedan desarrollarse. El contenido en sal de la planta favorece el paso del agua a su interior por un proceso químico conocido como ósmosis. Lo utilizan las plantas salinas que viven en lugares húmedos.

Beneficios que aporta el humedal


  • Colabora en la regulación de los recursos hídricos superficiales y subterráneos.
  • Mantiene una lámina de agua superficial o subterránea el tiempo suficiente para que se desarrollen unas comunidades vegetales y animales peculiares. Este tipo de ambiente introduce fuertes y atractivos contrastes en el paisaje, contribuyendo a incrementar la diversidad ecológica del territorio.
  • Actúa como corredor que comunica zonas naturales entre sí, evitando el aislamiento de comunidades animales y vegetales.
  • Funciona como depuradora natural, limpiando el agua de sustancias contaminantes.
  • Es refugio para una vegetación característica.
  • Contribuye a suavizar el clima local, creando microclimas menos extremos.
Humedal de Ajauque y Rambla Salada
Sosa alacranera (Salicornia fruticosa)
Tarro blanco (Tadorna tadorna)