Número 14 | Tercer trimestre 2007

Apuntes históricos. El espíritu de Espuña

Promover el amor y respeto por la naturaleza es una tarea necesaria para inculcar en los jóvenes los valores que aseguren la sostenibilidad de nuestro entorno natural frente al desarrollo humano. El escultismo murciano lleva muchos años en esta labor, sobreviviendo a los cambios políticos de este país y trazando una línea de trabajo y de educación que adquirió su máximo esplendor en los campamentos de Sierra Espuña.

En los últimos años se ha intensificado la toma de conciencia sobre la necesidad de salvaguardar un medio ambiente sano, de no comprometer la existencia de generaciones futuras al querer satisfacer todas las necesidades y todos los antojos de las generaciones presentes.
La solución pasa necesariamente por la educación, y como apoyo a ésta se encuentra el escultismo.
Dar cuenta de todo lo que los exploradores murcianos han hecho desde los primeros años de su actividad en materia de educación para la protección del medio ambiente sería una tarea interminable. Sin embargo, es importante recoger el espíritu de los exploradores y su alianza con la Sierra de Espuña.
El papel de los exploradores murcianos en el campo de la educación medioambiental ha sido, desde principios del siglo XX, uno de los más significativos e importantes que se han desarrollado en la Región hasta la actualidad. Por medio de los campamentos de Espuña, celebrados durante 22 años consecutivos (1917-1938), han hecho nacer en millares de niños y jóvenes el respeto y el amor a la naturaleza.
La historia del escultismo murciano manifiesta un trabajo intenso pero ampliamente desconocido en materia de medio ambiente. Desde su inicio, en febrero de 1913, las acciones de los exploradores han ido encaminadas a movilizar a la comunidad para una acción útil y constructiva a través del espíritu del servicio. Por esencia, las actividades ligadas al descubrimiento de la sierra de Espuña y su difusión por el resto del país, supusieron una de las notas predominantes en los inicios.
El año de inicio del campamento, en 1915, se abrió a los niños de las colonias escolares murcianas que, amparados por las tropas de exploradores, disfrutaron con ellos y descubrieron conjuntamente los encantos y las bondades de Espuña y la inmensa labor de repoblación forestal que hicieron los ingenieros de Montes. Desde allí, los jóvenes exploradores anidaron en la sierra y desde ella tendieron un lazo de unión sobre el resto de las provincias que la visitaron y disfrutaron, conociéndola y descubriendo sus más intrincados secretos.
Todo se trunca con la llegada de una guerra en España y un nuevo régimen que instaura un poder absoluto y férreo sobre las cosas y las personas. El escultismo es prohibido y desarticulada su estructura en 1940. Solamente a principios de los años 70, en el que comienza un período de tolerancia para las nacientes actividades de los scouts, y con la aparición de la noción de protección de la naturaleza y la concienciación ambiental, es cuando el papel representado por los jóvenes exploradores en este campo se está haciendo perceptible para un público más amplio.
La reunión en Estocolmo de junio de 1972 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente hace de sus problemas prioridades esenciales en el día a día de los asuntos internacionales y ello tiene un impacto directo con nuestro escultismo. A finales de año, los grupos scouts se movilizan y solicitan al Instituto para la Conservación de la Naturaleza las antiguas casas forestales de Espuña que, estando deshabitadas, puedan servir como refugios donde poder desarrollar actividades en pleno contacto con el medio natural. Así, Casa Rosa, Tenganeras y Casa Leyva son entregadas a grupos que las arreglarán y mantendrán para el disfrute de estas nuevas generaciones.
La creación, en 1974, de la Insignia por la Conservación Mundial, considerada como un signo de implicación activa, participación y compromiso y dirigida a su consecución por los jóvenes scouts, implicó en éstos un avance y un deseo vehemente en todo lo que supusiese protección de la vida natural.
En 1993 la Federación de Escultismo en España, y por consiguiente sus asociaciones federadas, entre ellas exploradores de Murcia, recibe el Premio Nacional de Medio Ambiente otorgado por el Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente.
Mientras tanto, Espuña se convierte en la sierra base de las actividades escultistas de los grupos de Exploradores de Murcia. La ayuda mutua entre la Consejería de Medio Ambiente y los exploradores es una realidad; como antaño ocurriera, los desbrozos y talas controladas reciben ocasionalmente la ayuda del escultismo. Los jóvenes adquieren competencias sobre orientación, pionerismo, tala de árboles, supervivencia, conocen los caminos que, en muchos de los casos, fueron descubiertos por las anteriores generaciones escultas, levantan planos y croquis de sus crestas y sus excursiones de fin de semana hacen que sus correrías por los montes los conviertan en patrullas de voluntarios que disfrutan andando por su suelo, vigilantes de sus rincones ante la posibilidad de una llama fatídica.
Cincuenta jóvenes de la Región participan en las Torcas de Palancares (Cuenca) en el verano de 1994 en el campamento Vigías del Fuego, dirigido por murcianos y de carácter medioambiental. Su entrenamiento había tenido lugar en nuestras sierras y especialmente en Espuña. Después, muchos de ellos se integrarán en equipos de retenes para la vigilancia de nuestros montes. La creación de una Red Scout de protección a la naturaleza confirma el hecho de que los problemas del medio ambiente constituyen no sólo una prioridad global urgente, sino también una cuestión a la que los jóvenes son particularmente sensibles. Representa para ellos un reto considerable y lo hace más atractivo para un mayor número de ellos. La red fomentaba las iniciativas de los muchachos permitiéndoles realizar sus planes de acción y proporcionándoles un mínimo de recursos financieros necesarios para el lanzamiento de pequeños proyectos.
Pasan los años y los muchachos siguen participando en cursos como los realizados por el Plan Infomur para saber cómo actuar en caso de incendios forestales y, así, poder devolver a la sierra un poco de lo mucho que ella nos está dando a cada momento. El escultismo en la Región tiene una larga y afianzada experiencia en los campos de la educación y la acción a favor del medio ambiente que, hoy en día, siguen cultivándose en los jóvenes de esta Región para que hagan de los montes y espacios naturales un hogar en el que convivir y disfrutar junto a todos los amantes de la naturaleza. Este es el espíritu de Espuña, de la emblemática y protectora sierra que amparó bajo su abrigo a una juventud ávida de libertad y tolerancia. En este año del centenario del escultismo y del noventa aniversario de la fundación de su campamento, el espíritu de Espuña crece y vive en todos los murcianos.

Fuente: Libro ‘Espuña. Campamento de exploradores', de José María López Lacárcel

Lobatos observando cómo se arría la bandera
Ricardo Codorníu en las repoblaciones de Sierra Espuña
Exploradores en el Morrón de Totana
Jóvenes escultistas de hoy