Número 14 | Tercer trimestre 2007

Diálogos naturales. Pepe Tovar, apicultor

Pepe es un hombre sereno, quizás con esa tranquilidad que dictan las labores que están marcadas por los ritmos del campo y, sin embargo, imprime un vigor tenaz a sus palabras. La experiencia se dibuja en las grietas de sus manos que hablan casi más que sus labios y que hacen que las más de tres horas de entrevista se esfumen como segundos. Horas de anécdotas, de dichos y de experiencias que sabiamente sabe trasladar. El cobertizo, lleno de usos y máquinas, panales y colmenas, que huele a cera y a dulce, es el escenario adecuado para esta tertulia.

La apicultura ha sido y es una de las actividades humanas más respetuosas y beneficiosas para la naturaleza. Practicada durante miles de años por el hombre, atraviesa hoy en día una fase que preocupa a profesionales y aficionados por la baja productividad de miel y los extraños comportamientos de las abejas. Por eso esta revista visita a Pepe, un curtido colmenero de la tierra, para que nos descubra su pasión por la cría de abejas y nos cuente su ligadura al medio natural.

¿Pepe, cuánto tiempo llevas con las abejas?

Tenía yo 6 o 7 años, después de la guerra (en el 44), cuando un día cogí un pedazo de panal cerca de mi casa que era de unos vecinos para comérmelo. Mi madre me pegó un alpargatazo de primera que me arregló el cuerpo. Ese día me juré que tendría mis propias colmenas para hincharme a miel. Y aún no me he hartado (RISAS). Iba a buscar enjambres con mi amigo del bar, en camisa deportiva y con un saco para coger el panal. Las abejas nos picaban en los ojos, en los labios, en las orejas,.. y al llegar a casa, mi madre, para que me circulara bien la sangre, me atizaba con la alpargata (RISAS). Ponía los panales en un ‘cocio', que cogí de mi casa, y por el agujero que tenía debajo iba recogiendo la miel. La gente se fijaba en mí, porque podía recoger, con 8 años, unos 40 kilos de miel, aunque me llevaba unos buenos picotazos.

¿Y no te enseñaba nadie?

Había un hombre viejo que vivía cerca de mi casa que tenía colmenas y, de vez en cuando, me decía algo, porque me veía la afición. Cuando tenía las colmenas en mi casa, mi padre, que le tenía un miedo enorme a las abejas, me compró tela metálica para hacerme una careta y mi madre me forró unos pantalones viejos. El tío Damián, de los Ramos, me enseñó a atontarlas con humo, y me cambió un ahumador por dos colmenas mías.

¿Qué son más, los disgustos o las satisfacciones?

Bueno, siempre me ha sacado de un apurillo. Antes se intercambiaba la miel por otras cosas. Como no había azúcar, se usaba miel para echarle a la leche o a los bizcochos, e intercambiábamos miel por jabón, por ejemplo, para lavar la ropa. Ahora, en verdad, da más quebraderos de cabeza que otra cosa. Las subvenciones que nos dan es de dos euro por colmena, y yo tengo 200. Los profesionales lo pasan muy mal, porque a veces les cuesta más dinero mantener las colmenas que el dinero que sacan después con la miel.

¿Cómo es una jornada con las abejas?

¡Puf!, eso es terrible. No, en verdad tienen un trato muy bueno, aunque el trabajo serio está cuando vas a coger la miel. A las 8 de la mañana te pones la careta, guantes, pantalones, y si cae un sol de 40 grados te asas. Hay que transportar la miel y eso es muy pesado. Se recogen los cuadros de la colmena y se sacan 16 kilos por colmena. Los metemos en una centrifugadora y sacamos la miel. Cuando nos metemos en la primavera eso es un encanto, el olor de la miel fresca, olor a romero,... (la emoción asoma en su cara recordando).

¿Mueves las colmenas?

Antes si, ahora no, porque no me sale rentable. Antes tenía colmenas cerca de Cañada de la Cruz y las abejas recogían del espliego mucho polen. La edad tampoco me permite moverlas con la facilidad con que lo hacía en juventud. Las colmenas pesan más de lo que parece y para mover una colmena se necesitan dos hombres.

¿Qué productos sacas de las colmenas?

El producto más importante es la miel, aunque con el tiempo la producción ha ido disminuyendo. Hace 3 años sacaba nueve barriles de miel, mientras que el año pasado sólo saqué tres barriles. Cada barril pesa 300 kilos. También se puede extraer cera y polen, pero el polen no se saca, porque baja el rendimiento de la colmena.

¿Cuáles son los principales enemigos de las colmenas?

Por supuesto los parásitos. La varroa ha dañado muchas colmenas. Otros animales, como el lagarto y el abejaruco, se las comen como pipas. En cierta ocasión recogí una culebra que estaba debajo de una colmena. Por aquel entonces yo ya sabía que las culebras se comían a los lagartos. Entonces iba pasando de una colmena a otra la culebra y, a la vez que se iba comiendo algún que otro lagarto, me los espantaba. Con el tiempo la culebra desapareció. También hay avispones que atacan a las abejas. He comprobado que estos avispones se esconden en los romeros esperando a que se acerquen las abejas. Cuando están cerca se lanzan a por ellas y las atrapan para llevárselas a su nido.

Se habla mucho de las propiedades curativas de la miel. Según tu experiencia, ¿para qué es buena la miel? ¿Es buena para curar?

Es un alimento de los mejores: para úlceras, para los labios,... La cera con la miel y polen es buena para la piel. Te lo echas a la boca y te cura todo lo que tengas, y si además le añadimos un par de picotazos de abeja, mejor que mejor. La gente, cuando compra, muchas veces pide jalea real, que es lo que come la abeja reina, pero es mejor la miel, porque lleva punticos de polen y de cera que es lo mejor que hay. Yo la aconsejaría para los críos pequeños. Si la gente tomara más miel habría menos alergias. Y si te pican las abejas, yo diría que también. Si te pican las abejas, con el tiempo te vuelven a picar y ya ni te duele, ni te da fiebre y ni se te inflama. Las abejas tienen la vacuna más fuerte que conozco. Tanta vacuna para la gripe, para la viruela,..., eso no es bueno. Las abejas después de un picotazo se mueren... ¡claro!, porque las personas les metemos el veneno a ellas, y no ellas a nosotros. Un picotazo de abeja es una bendición, porque ayuda a la circulación de la sangre y te hacen más fuerte frente a otras enfermedades.

Con lo que te gusta la miel comerás mucha durante el año, ¿no?

Mas de 30 kilos seguramente. Todos los días como miel, y a mis críos les he dado miel toda la vida. Tengo 72 años, en enero hago 73, y aún meneo los barriles de miel con mi amigo Antonio, y esto es gracias a la miel.

¿Cómo ve la gente tu afición?

Eso depende. Unos me ven como un dios y otros creen que estoy loco (RISAS). Los pastores, por ejemplo, no se llevan bien con las abejas. Sin embargo los agricultores a veces nos ayudan, porque nos avisan de cuándo va a caer lluvia o va a hacer mal tiempo. Además nos piden colmenas para ponerlas cerca de cultivos y así las abejas polinizan las plantas.

¿Crees que el cambio climático está afectando a las colmenas?

Los que somos colmeneros estamos para tomar un camino. Pues antes daba gusto ver cómo a partir del néctar fresco del romero y del azahar de los naranjos las abejas producían miel en sus colmenas en abundancia. Ahora no llueve, y eso lleva a la falta de floración, falta de néctar y, por tanto, falta de miel. Esto se debe, en gran parte, a la falta de lluvias y al cambio climático que estamos experimentando. Y no solo mis colmenas, sino en general en la huerta pasa esto. Aunque también la varroa ha afectado a la producción de miel, ya que se introduce en las celdillas donde la abeja reina pone los huevos, matando a las larvas. Desde hace 15 años, que es el tiempo que lleva este ácaro afectándonos, solo hemos tenido una buena cosecha de miel. Ahora pasa una cosa que no creo que sea buena, y es que antes las abejas morían en las colmenas, pero ahora se van a por el polen y no vuelven. Se despistan o lo que sea, pero ya no vuelven. Es muy raro ese comportamiento y nadie sabe a qué se debe.

¿Te han picado mucho?

Una vez tuve una lucha con las abejas cuando estaba descargando colmenas de un camión, de noche. El camión estaba haciendo la maniobra marcha atrás y rompió una hilera entera de colmenas. Entonces las abejas se enrabietaron y como era de noche no volaban. Las colmenas rotas las tuvimos que agrupar como pudimos y llevarlas a otro lado. En el proceso las abejas se te subían a la ropa y se te metían por todas las rendijas del traje. Cada movimiento que hacíamos aplastábamos las abejas que se nos habían metido y ellas nos picaban. Como sería la cosa que en los palos de la caja del camión se acumulaban las abejas en mantas tan gruesas como mi brazo (el chofer del camión desapareció). Yo iba negro de abejas. Hasta debajo de los sobacos se me metían, y al bajar los brazos me daban picotazos. Aquel día me picaron más de mil abejas y durante esa noche no se quiso arrimar nadie a ayudarme. Los tobillos los tenía hinchados. Al día siguiente no me pude levantar de la cama.
Al retirar los cuadros hay que ir protegido
Pepe recogiendo la miel